Jorge Luis Preciado y Mario Anguiano

La sociedad de castas que vivimos en México, cuyo origen se remonta a la época de la conquista española, ha permeado todos los ámbitos del quehacer humano. La sociedad mexicana (y Colima no es la excepción) ha estado dividida, prácticamente, en ricos y pobres, en poseedores y desposeídos, en oligarcas y plebeyos. A los primeros se les ve bien, así abonen muy poco con su actitud al fortalecimiento de una sociedad igualitaria, y a los segundos se les desprecia, así tengan el mérito de haber podido sobresalir socialmente en una comunidad clasista y discriminatoria. Este binomio, como digo, ha estigmatizado a la sociedad mexicana desde hace siglos, pues ha reproducido el mismo esquema que implementaron los españoles a su llegada: ellos (los blancos) serían las personas y los otros (los indígenas e incluso los esclavos africanos), los animales. Lo llamaban (a los indígenas y esclavos) “ganado humano”. Qué triste que así haya sido, es verdad, pero más triste es que todavía esa marca no haya terminado. En Colima, por ejemplo, las estructuras sociales y las de poder responden al mismo esquema. Hay una clase alta, una clase de élite, que no se mezcla con la clase baja o naca, que normalmente es vista (reléase el Facundo de Sarmiento) como un obstáculo para el progreso y desarrollo social. Los nacos (bárbaros o antiguos “buenos salvajes”) no sirven para nada, los oligarcas (civilizados), sí. Yo, a través de mi obra literaria (principalmente de mi obra novelística), he intentado romper con estos esteriotipos. Lo he hecho, por lo demás, de forma deliberada, pues no sólo creo necesario (e imprescindible) abandonar este cliché sociocultural que tanto nos ha dañado, sino también porque creo en la riqueza de la cultura popular y en la capacidad (intelectual, moral, etcétera) de las clases sociales más desfavorecidas. Los que lo nieguen, se niegan a sí mismos. Por eso jamás negaría confirmar que desde que supe que el actual gobernador Mario Anguiano procedía del sector popular, de la mera cultura del esfuerzo, con una infancia hecha en el campo y un pasado humilde, no pensé dos veces en simpatizar con él, y más cuando vi que una élite en el poder (el grupo de Moreno Peña y sus partidarios) no sólo se mofó de su proyecto político sino, lo que consideré peor, de su origen campesino. Hace unos días leí a un articulista del Correo de Manzanillo decir que era de nacos andar a caballo y que mejor sería hacer deporte, como lo prometía Nacho Peralta. Normal que ahora todos quieran congraciarse con el candidato a gobernador priista, pero me da más bien vergüenza ajena leer estos comentarios aquí y allá, sobre todo ahora que entre los candidatos a la gubernatura hay uno que tiene en más de un sentido un punto de contacto con Anguiano Moreno. Este candidato es Jorge Luis Preciado Rodríguez, que abandera el proyecto panista a la gubernatura. Hacia Preciado Rodríguez noto la misma saña que vi contra Anguiano Moreno, coincidentemente por la misma élite política de entonces, hoy encarnada en la candidatura del priista Nacho Peralta e, incluso, de Locho Morán, candidato a la gubernatura por  Movimiento Ciudadano. Estos dos candidatos mencionados, y toda la turba que los sigue, en su mayoría miembros de la oligarquía y la plutocracia local, se han dedicado a burlarse sistemáticamente del candidato panista Preciado Rodríguez, llamándolo incluso bufón y utilizando un tono despectivo y discriminatorio cada que lo evocan. Vaya: les ha agraviado hasta que haya invitado a Pancho Barraza al evento de arranque de su campaña, cantante que les pareció no estar a la altura de sus refinados gustos. Si durante y después de la conquista era vergonzoso que un blanco se mezclara con un indígena (había una norma incluso que lo prohibía), la diferencia ahora es impercebtible. Mejor dicho: nada ha cambiado. A nadie en México nos gusta, pues, que nos identifiquen con un peble, un indígena o un naco, pues eso denigra, de ahí que en las redes sociales (cuyos usuarios pertenecen mayoritariamente a las clases media baja, media alta y alta) se fomente el linchamiento del candidato albiazul a través de memes o comentarios prejuiciosos. Yo, sin embargo, sí quiero que me identifiquen con Jorge Luis Preciado Rodríguez. Quiero que me identifiquen con el plebe e incluso me llamen plebe y naco, como le llaman a él y al gobernador Mario Anguiano. Los “charros montaperros”, como llamó el articulista referido a los que acompañan a caballo al gobernador del Estado, son curiosamente nuestras cartas de identidad dentro y fuera de México, y curiosamente el charro originario era un mulato que andaba a salto de mata robando ganado para poder sobrevivir en un México caciquil. Ese “charro montaperros”, ese mariachi (término que se usa ahora incluso de forma despectiva: ¡es un pobre mariachi!) se convertiría después en el mayor símbolo de nuestra identidad cultural, ¿no lo saben? Por eso yo, que vivo muy lejos de mi país, no quiero que dejen de identificarme con los “charros montaperros”, los plebes, los nacos, los indígenas, ni tampoco con Mario Anguiano ni con Jorge Luis Preciado, ni con Federico Rangel Lozano (de quien también hicieron mofa, siendo él un hombre íntegro), porque son más los millones de mexicanos que necesitan verse representados por ellos que los unos cuantos que necesitan beneficiarse de la élite que representan los Peralta Sánchez, los Morenos Peñas, los Sánchez de la Madrid, los Brun no sé qué, los Maldonado no sé cuánto, ricos y nuevos ricos que, como bien dice la conseja popular, “si los ricos fueran buenos hombres no serían tan pobres los pobres”. Así que perdónenme si hiero sus susceptibilidades, pero en esta avanzada yo no puedo seguirlos. Nadie es perfecto, pero yo me quedo donde estoy, donde he estado siempre, con mis convicciones y con mi esperanza. Y, sí, estoy alegre. Porque ya se van.

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4 comentarios en “Jorge Luis Preciado y Mario Anguiano”

Carlos Ramiro Vargas 20 marzo ,2015 a las 11:23 am

EN ESTA OCASIÓN SÓLO ME QUEDA DECIRTE ¡ESTAMOS HERMANO!

pues el Poeta VE, atraviesa con su mirada de fuego la oscuridad de un universo de mentiras, donde las fauces sanguinolentas de los arnoldo ochoa gonzález y su séquito de zombies so como aquella canalla de lúmpenes tan funcionales a una oligarquía anacróonica e inhumana de modo semejante a como lo observó Karl Marx en EL 18 Brumario de Luís Bonaparte, ¡carpe diem!

Héctor José Orozco Gutiérrez 20 marzo ,2015 a las 11:54 am

Rogelio, comparto muchas de tus convicciones y tu esperanza. ¡Un abrazo!

Muy interesante su comentario y muy apropiado para la coyuntura actual. Usted tiene la fortuna de poder opinar desde afuera y que bueno, lo envidio, pero… los de adentro los que vivimos todos los días con un mísero sueldo y que vemos como usted tiene tanta razón en cuanto a quienes con todo y sus negocios se aprovechan de este pequeño estado, no nos queda más que esperar y rogar porque estos desgraciados no ganen pero sobre todo que no vuelvan nunca más, cosa que no es más que un sueño porque en este estado todo está tan manipulado que volverán a ganar o al menos van a disfrazar dos sexenios que perdieron (como lo hicieron con Calderón y Fox) para luego regresar triunfantes al poder. Pobre México, que envidia que usted logró salir de esta cloaca. Saludos

Liberato Estarrón Arámbula 21 marzo ,2015 a las 9:35 pm

Hay contradicciones en este artículo de Rogelio Guedea:
– El contexto de los comentarios en pro o en contra de Nacho Peralta, Fernando Moreno y Arnoldo Ochoa, etc., versus Mario Anguiano y Jorge Luis Preciado se han en la contienda política por la gubernatura de Colima.

– Jorge Luis Preciado ha declarado que si gana las elecciones meterá a la cárcel a Mario Anguiano, porque supone que desvió los dineros públicos. O sea, de acuerdo con lo que afirma Guedea, entonces, el pleito es de naco contra naco, pero le responden a Jorge Luis que no tiene autoridad moral para hacerlo, porque siendo pobre y ahora es rico.

Ahora, dentro del Partido Revolucionario Institucional, se habla del “PRI” y del “OTRO PRI”, ubicando a Mario en el primero y a Fernando en el segundo. También OTRO PRI = Grupo Universidad que no se les considera un grupo de ricos. Luego, de partido político a partido político, el PAN representa a los nobles y el PRI a los pobres. Lo anterior demuestra que en esta contienda, no están enfrentados nobles(ricos) contra plebeyos(pobres).

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