Jorge G. Castañeda, así no

El ex Canciller de México Jorge G. Castañeda publicó recientemente un breve libro titulado Sólo así: por una agenda ciudadana independiente(Debate, 2016).

En él, el también autor de Mañana o pasado: el misterio de los mexicanos, reflexiona sobre la importancia de las candidaturas independientes en México, a las que considera cruciales para sacar a nuestro país del atasco en el que se encuentra.

Luego de hacer una revisión sobre el fracaso de los tres primeros años del Presidente Peña Nieto, analiza los peores males del sistema político mexicano, que concentra en la siguiente tríada: corrupción, impunidad y sistemática violación a los derechos humanos.

La culpable de estos males, según Jorge G. Castañeda, es la partidocracia, única incapaz de cumplir el sueño de justicia, transparencia y respeto a las libertades que anhelan los mexicanos, las cuales –según Castañeda, y en esto concuerdo- pueden ser posibles de contar con un verdadero Estado de Derecho.

Aun cuando el balance de Castañeda Gutman es plural y certero (y, en muchos sentidos, contundente), es notorio que el enemigo a vencer para 2018 recae en la figura de Andrés Manuel López Obrador, receptor de las críticas más ácidas por parte del también ex precandidato presidencial independiente.

Transcribo sus más encendidas líneas:

López Obrador se presenta como una alternativa a la clase política, pero es en realidad una excrecencia de esa clase política: una posición mágica curativa, secretada por el mismo cuerpo doliente. El cauce que representa de desahogo para el cansancio ciudadano descansa en una gran mentira, que sin embargo posee credibilidad en diversos segmentos de la sociedad mexicana y de la comentocracia, a saber, que López Obrador es un outsider, que no pertenece a la clase política, que no es un político profesional, que no se ha rodeado desde siempre de colaboradores corruptos, y que su administración pública y sus finanzas personales son impolutas. Nada de eso es cierto, desde Bejarano y Ponce y sus jefes delegacionales, hasta sus tres presidencias partidistas: del PRI en Tabasco, del PRD en los noventa, y de Morena ahora. Repito: incursionar por esa vía es entrar al arcaísmo justo cuando América Latina emerge de él. Es una versión diferente de la misma mediocridad partidocrática.

En su acalorada defensa de la candidatura independiente, Jorge G. Castañeda es capaz de justificar (a veces de manera visiblemente ingenua) asuntos no sólo relacionados con el financiamiento de las campañas (que sabemos imprescindible para ganar una elección, por lo menos en México) sino también de estructura partidista (que a niveles de candidaturas a la gubernatura o presidenciales no es menos substancial), de ahí que su descrédito rotundo al sistema de partidos haya sido criticado ya, por ejemplo, por María Amparo Casar, especialista en temas de política mexicana, quien acusó a las ideas de Castañeda Butman de ser “una ficción y un engaño”.

Por todos es sabido que Jorge G. Castañeda tiene intenciones de ser candidato independiente a la presidencia de México en las elecciones de 2018, pero no creo que sea a través de una mirada sesgada a la realidad mexicana (“ficcional y engañosa”, y también convenenciera) como pretenda erigir tal postulación ciudadana.

Así no.

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