Héctor Insúa, un triunfo con mensaje oculto

Lo primero que hay que decir es que nadie confiaba en que Héctor Insúa, político inteligente y con visión, fuera a ganar la presidencia municipal de Colima, de igual modo que todos se quedaron boquiabiertos con lo conseguido por Jorge Luis Preciado Rodríguez en la pasada jornada electoral. Esto es: nadie creía que el PAN se convertiría en la primera fuerza política del estado, tan es así que, para legitimar al gobernador electo Ignacio Peralta, se ha tenido que criminalizar, denigrar e incluso ofender con saña al todavía gobernador Mario Anguiano, olvidando que la derrota del PRI tuvo que ver en gran medida en haber elegido arbitrariamente (a través de la imposición presidencial) a Nacho Peralta (y no a Federico Rangel Lozano, como lo quería la sociedad) y además haberse demostrado claramente que los promotores de Nacho Peralta eran políticos y empresarios periodísticos que han hecho mucho daño a nuestro estado y, si nos distraemos, lo pueden volver a hacer.

El que esté todavía en juego la gubernatura del estado, bajo la evidente sospecha del fraude electoral cometido contra Preciado Rodríguez, es el claro indicio de que el PRI no hizo bien su elección de candidato a gobernador, pues de haberlo hecho el resto de las candidaturas (como le sucedió al PAN con las presidencias municipales y las diputaciones, ganadas en gran medida por el arrastre de Jorge Luis Preciado) habrían tenido otro resultado. No fue así y, hay que decirlo: la culpa no es de Mario Anguiano, sino, en todo caso, del presidente de la República, por haberse equivocado de candidato. Como el presidente de la República no puede equivocarse, entonces ahora hay que asegurarse de que a la ciudadanía le queda claro que el culpable es el Ejecutivo estatal, y eso es lo que se está haciendo, más allá de la crisis financiera, de seguridad e incluso moral por la que atraviesan los rojiblancos. Estas ideas están, por tanto, estrechamente relacionadas con el triunfo de Héctor Insúa y con, a su vez, la aceptación de ese triunfo por parte de Óscar Valdovinos.

Si bien la victoria de Héctor Insúa fue inobjetable, la percepción que quiere generarse es que ésta se da como un contrapeso a la derrota de Jorge Luis Preciado y como una forma de legitimar la dudosa imparcialidad del Tribunal Electoral del Estado. Esto es: el mensaje oculto que envía el Tribunal Electoral y el propio Óscar Valdovinos, quien decidió no impugnar dicha resolución, es que Jorge Luis Preciado debió haber también aceptado los resultados del órgano estatal puesto que, como se está demostrando con Héctor Insúa, ese tribunal es imparcial. En ese mensaje oculto, pues, se daña, sin darse cuenta, la legitimidad del triunfo de Héctor Insúa y, al mismo tiempo, el legítimo derecho de Jorge Luis Preciado de impugnar una resolución que validó una serie de delitos electorales que, de tan evidentes, no necesitarían probación.

Dicho lo anterior, es preciso entonces afirmar que si el Tribunal Federal desecha la impugnación del panista Jorge Luis Preciado será por una cuestión de carácter político (presión presidencial) y no por una cuestión de carácter jurídico, en donde Preciado Rodríguez tendría todas las de ganar. El filósofo Emanuel Kant decía que el derecho no “tiene nunca que adecuarse a la política, sino la política al derecho”. Ya veremos en qué lugar de la balanza se encuentra nuestra justicia federal.

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