Fraude electoral en Colima

Fuente: SinEmbargoMX

El resultado de la elección para gobernador en Colima, donde se alzara ganador el priista Ignacio Peralta Sánchez, habla de un evidente fraude electoral y, en lo general, de unas elecciones fallidas.

Para aquellos que no siguieron de cerca estas elecciones, es importante decir que, más allá de la natural guerra sucia inmanente ya a las campañas políticas en México, los dos partidos punteros fueron siempre el PRI (con Ignacio Peralta) y el PAN (con Jorge Luis Preciado).

El PRI, cuyo candidato fue impuesto por Enrique Peña Nieto, vía Luis Videgaray, amigo personal del candidato, tuvo para la elección a gobernador dos alianzas legales (la del Verde Ecologista y la de Nueva Alianza) más dos más de facto (la del PRD y la de Movimiento Ciudadano, ambas fuerzas políticas siempre actuando como comparsa de los rojiblancos). A lo anterior habría que agregar la clara intromisión del Estado (a mis manos llegaron varios documentos que lo corroboraban) y el secuestro de prácticamente todos los medios de comunicación estatales.

El PAN, sin embargo, fue sin alianzas y, por supuesto, sin espacios mediáticos salvo las redes sociales.

El candidato priista, Nacho Peralta, representó desde un principio el continuismo (pero no del actual gobernador, como se ha querido ver, sino del ex gobernador Fernando Moreno Peña) y, además, su figura fue enmarcada dentro de las élites sociales y políticas de Colima. Representó a la aristocracia local.

El candidato panista, Jorge Luis Preciado, en cambio, se afianzó en las clases populares del Estado, hartas del cacicazgo priista, y en la fija idea de la ansiada alternancia, pues el PRI ha gobernado siempre Colima.

El candidato priista fue considerado, por todo esto, el candidato fuerte; el panista, la presa fácil.

Pero no sería así.

Durante las campañas el candidato albiazul empezó a crecer como la espuma mientras el rojiblanco se empantanaba a pesar del monstruoso sistema y las pródigas alianzas políticas que lo cobijaban.

El día de la elección, sucedió algo que los priistas no esperaban: la PREP mostró cómo el PAN empezó a arrasar en la mayoría de municipios (seis de diez, entre ellos los más grandes), todo el Congreso local (8 diputaciones contra 2 del PRI) y una diputación federal.

Entonces sobrevino el embuste.

Justo cuando el candidato panista a la gubernatura empezaba a aventajar al priista, el conteo del PREP se detuvo y el sistema se cayó por unos minutos, los suficientes como para dejar pasmados a todos los que seguían el cómputo desde sus hogares.

El órgano electoral, luego de la presión social, argumentó que unos paquetes venían mal y que el conteo se pospondría. Dos días pasaron antes de que se volviera a retomar el proceso, dos días en los que el convencimiento del fraude electoral corrió como reguero de pólvora por las redes sociales, pues se tenía la convicción (yo mismo la tuve) de que fue en ese lapso de tiempo donde se perpetró el fraude.

Lo que vino a darle el traste a todo fue la declaración que la presidenta del Instituto Electoral del Estado, Felícitas Valladares, dio en cadena nacional a Joaquín López Dóriga. Le confirmó (“te voy a dar la primicia, Joaquín”, le dijo) que el conteo se había revertido y éste favorecía a Jorge Luis Preciado, indicándole que ya nada más habría que firmar las actas y anunciar su triunfo.

Luego de la declaración, un grupo de priistas, entre ellos el representante suplente ante el órgano electoral de Nacho Peralta, ingresó al IEE y, a puerta cerrada, hablaron con la presidenta. Minutos después de salir, la presidenta anunció que había cometido un error y que en realidad el que había ganado la elección era el candidato priista. Esta pifia no sólo le costó una anadana de burlas a las máxima autoridad electoral, sino también la exigencia de su renuncia.

Como la diferencia era de menos del 1%, se hizo el recuento voto por voto, que confirmó la ventaja del candidato priista, pero esta confirmación llegó demasiado tarde: ya  ningún colimense la creyó.

No es el fraude, sino su adjetivo (el descaro), lo que han convertido a las elecciones de Colima en las más sucias de su historia.

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