En defensa de Mario Anguiano

Lo primero que hay que decir es que ninguna deuda pública se justifica, porque eso es indicador de que no hemos sabido administrar los bienes que estuvieron a nuestro encargo. Quiere decir, simplemente, que de nuestros bolsillos salió más dinero del que entró, por las razones que sean, y que fuimos incapaces de hacerlo a la inversa. No hay, pues, excusa, sobre todo si la deuda que heredamos, lejos de aminorarla, la incrementamos. Tampoco se justifica que la sociedad no sepa (como nunca lo ha sabido) en qué se gastó ese dinero y quién o quiénes fueron los beneficiados, principalmente si no fue la sociedad la que gozó de tales beneficios. Mucho menos se justifica que si fueron unos cuantos los beneficiados de esa millonaria malversación, no paguen por ello o no lo regresen al mismo sitio del que lo tomaron. Es imperdonable.

Dicho lo anterior, es también importante decir que las últimas críticas (durísimas) al gobernador Mario Anguiano con respecto a los problemas financieros por los que atraviesa su administración (los cuales, sin aparente razón, se recrudecieron de súbito) y a las medidas que tomó para paliarlos, se dan en un contexto sobre el cual no podemos dejarnos llevar sin reflexionar (porque las apariencias engañan), que es lo que he visto que han hecho la mayoría de articulistas, medios de comunicación y opinadores de las redes sociales ahora que al Ejecutivo estatal le quedan unos cuantos meses para terminar su gestión, sobre todo porque muchos de estos articulistas, medios de comunicación y opinadores de las redes sociales (que hoy le dan de mazazos al gobernador), supieron desde un principio que el estado estaba con una deuda pública considerable (más de mil millones de pesos) y de difícil manejo. Antes, no dijeron nada y hasta tuvieron razones sobradas para defender al actual mandatario, principalmente de los embates de Diario de Colima, que un día sí y otro también aludía esa situación en su rotativo. Tal vez si todos esos articulistas, medios de comunicación y opinadores de redes sociales hubieran unido en una sola voz las críticas que hoy le hacen a Anguiano Moreno, ese sonoro coro tal vez habría incentivado  (y obligado) al mandatario a tomar medidas más efectivas para evitar que el endeudamiento creciera. Pero, como he dicho, nadie entonces farfulló nada.

Luego de pasarme varias horas analizando las deudas públicas de los estados en la website de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, no quisiera dejar de mencionar (y no es para consuelo de nadie) que, salvo Tlaxcala, todos los estados del país (chicos y grandes) están seriamente endeudados, todos, en proporción a su población. Todos los estados, además, han ido acrecentando su deuda año con año. Si analizamos el caso Colima, desde Moreno Peña hasta Mario Anguiano la deuda pública se ha incrementado anualmente. Incluso, es importante señalar que esto no ha sido privativo del PRI, también al PAN y al PRD los persigue la misma calamidad, pues han dejado deudas públicas igual o peores a las que ha dejado el PRI. La mayor de todas es la del Distrito Federal, gobernado desde hace mucho por el PRD. No es, pues, privativo de un partido político o un gobernante en específico, es un asunto generalizado de mala administración de las arcas públicas de todo el país, lamentablemente.

Ahora todos critican (durísimamente, insisto) al gobernador Mario Anguiano de la deuda pública (que no es, hay que decirlo, de las más graves del país ni tampoco es inmanejable), pero parece que esos articulistas, medios de comunicación y opinadores de las redes sociales se olvidan que si bien Mario Anguiano le heredó a Nacho Peralta, en el tiempo que fueron alcaldes, una deuda de 56 millones de pesos, Nacho Peralta (también economista) en lugar de paliarla durante su gestión lo que hizo fue incrementarla a 63 millones. Esto fue señalado en repetidas ocasiones por Diario de Colima, pero ahora parece que también lo ha olvidado. Tampoco nada dicen de esto, aunque lo sepan, los mismos articulistas, medios de comunicación y opinadores de redes sociales que no se cansan de disparar contra el orgullo de Tinajas, pero de alabar todas las cualidades de Nacho Peralta, quien todavía ni siquiera ocupa la silla gubernamental, aún en disputa.

La crisis financiera del Gobierno estatal puede ser, incluso, una estrategia creada para legitimar la llegada de Nacho Peralta al poder, con quien seguramente la deuda “se resolverá” o se hará “manejable” de forma mágica (ya lo verán) con el fin de que Peralta Sánchez pueda ser legitimado por la sociedad, a quien ya no le importará que haya llegado al poder bajo la sospecha de un fraude electoral y cargando sobre su espalda la sombra de políticos que han saqueado en tiempos pasados los tesoros de nuestro estado. ¿Caerá la ciudadanía en tal embuste? Luego de los más de mil empleados que despidió recientemente Gobierno del estado es muy probable que sí. Sea Nacho Peralta o Jorge Luis Preciado el próximo gobernador, los articulistas, medios de comunicación, opinadores de redes sociales y, sobre todo, la ciudadanía deben velar porque cada año esa deuda se reduzca lo más posible o, por lo menos, si se contrae sea para que se aplique en beneficio de la sociedad.

Por eso, lo único que podría realmente legitimar al gobernador entrante (sea Nacho Peralta o Jorge Luis Preciado) sería castigar a los responsables directos de esta crisis financiera, devolverle la paz al estado y poner como prioridad de su plan estratégico a la educación, única vía para acabar con el rezago que vive nuestra entidad. De otra forma no estaremos sino engordando otra bomba (de dimensiones aún más grandes) al final del próximo sexenio.

Escribe un comentario en este artículo

Comentarios