Élite contra pueblo: PRI-Movimiento Ciudadano y PAN

El que observe la arena política desde un poco más abajo de las nubes sabrá que lo que realmente está en disputa en Colima es, por un lado, el control del Estado por una élite política enquistada desde hace más de ochenta años en el poder y, por el otro, la toma de la entidad por la propia sociedad colimense, a través del candidato que realmente los represente.
La élite política, a este día, se ha decantado ya en los dos personajes con más actividad proselitista y que, curiosamente, actúan en conciliábulo: Nacho Peralta (PRI) y Locho Morán (MC). Nacho Peralta se ha prácticamente desenmascarado ya como la punta de lanza del llamado “Otro PRI” que viene a recuperar lo que perdieron durante los gobiernos de Silverio Cavazos y Mario Anguiano, quienes han desaparecido (uno por haber sido asesinado y el otro por haber sido defenestrado por la propia maquinaria priista) del panorama político estatal. Locho Morán, por su parte, también un político de élite (no en vano el negocio de su padre –El Diablo- era vecino del negocio del padre de Nacho Peralta –La Colimense-), hoy cumple una función de mera bisagra para que el PRI se haga de nuevo del poder. Nacho y Locho representan, nadie podría negarlo, a la élite social de Colima y, por extensión, a la política también, de forma que sus visiones de la realidad estatal no pueden ser menos que aristocráticas y lejanas de lo que está ambicionando el pueblo de Colima, cansado de la mirada altiva e insensible de las clases altas.
Las clases populares, por el contrario, se ven representadas, en virtud de su arraigo social, por Jorge Luis Preciado Rodríguez (PAN). Preciado Rodríguez se ha convertido en realidad en el instrumento que la mayoría de la sociedad colimense quiere utilizar para hacerse del ansiado sueño de la alternancia política, pues saben que el resto de los partidos o bien no podrían cumplirles dicho sueño por carecer realmente de posibilidades de ganar o bien no lo pueden conseguir por estar aliados (legalmente o de facto) al PRI, como es el caso del PRD y, en mayor medida, de Movimiento Ciudadano.
Como las elecciones se ganan con votos y la sociedad es la única que manda en ello (salvo en los fraudes electorales), los priistas han diseñado una agresiva campaña de desprestigio en contra del candidato panista con el fin precisamente de bajar esa enorme popularidad que ya vieron que éste consiguió durante la elección ordinaria.
Un día sí y otro también el candidato albiazul Preciado Rodríguez recibe los embates del PRI y de Movimiento Ciudadano con un saldo, para sorpresa del duopolio, positivo, pues la ciudadanía se da cuenta de esta guerra sucia (que ya hasta la candidata del PRD ha desvelado) y, debido a esto, más se ha enraizado al liderazgo del candidato albiazul, que va imparable en el sentir de la ciudadanía, quien ya sabe que su ansiada alternancia no se concretará si no piensa inteligentemente a la hora de emitir su voto, pues un voto a Movimiento Ciudadano es un voto al PRI, tal como un voto al PRD, Morena o Encuentro Social es, también, un voto al PRI.
La agresividad de los ataques en contra de Preciado Rodríguez es directamente proporcional al crecimiento de su popularidad entre los electores, así que entre más ataques haya (y más sucios sean) mayor y mejor será el despertar de la conciencia ciudadana.
Bienvenida, pues, la guerra sucia, pastura que alimenta la alternancia política que viviremos el próximo 17 de enero.

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