El verdadero reto del nuevo modelo educativo

La semana pasada presentó el presidente Enrique Peña Nieto el nuevo modelo educativo mexicano, que empezará a regir a partir de 2018 y que se espera termine de implementarse al cabo de diez años.

Aunque la idea que más se propagó sobre las novedades del modelo fue la de “aprender a aprender” (nada nueva, por cierto), a partir del próximo año nuestro sistema educativo se reorganizará en cinco ejes básicos: planteamiento curricular; la escuela al centro del sistema educativo; formación y desarrollo profesional docente; inclusión y equidad; y la gobernanza del sistema educativo.

El primer eje tendrá como fin dejar atrás la didáctica de la memorización para entrar, ahora sí en la de “aprender a aprender”, lo que significará al mismo tiempo una pedagogía totalmente distinta a la acostumbrada en las aulas de nuestro país desde hace ya muchas décadas.

El segundo eje pone a la escuela al centro, esto es que los planteles escolares se transformarán en comunidades de aprendizaje con estructura propia y todo lo que sea necesario para que cumplan a cabalidad su labor.

El tercer eje, y uno de los más cruciales, es la formación profesional docente, que buscará no sólo que los maestros estén a la altura del reto que implicará este nuevo modelo educativo sino también que su carrera estará impulsada sólo por principios meritocráticos, y no por la corrupción ni el favoritismo.

El cuarto eje afirma que todos los niños tendrán acceso a la educación sin importar su condición social, económica, racial, etcétera, a través de escuelas inclusivas, teniendo atención especial en niños indígenas y discapacitados.

El último eje tiene que ver con la cobertura educativa, que tiene que alcanzar todas las zonas del país, incluidas las más recónditas e inaccesibles.

Dentro de estos ejes, sobresalen obviamente subejes que ponen su énfasis en el aprendizaje del inglés, el uso de las tecnologías y la importancia de darle sentido a las emociones y talentos específicos de los niños, a fin de que puedan alcanzar por ellos mismos su felicidad, esto sin contar con que cada escuela tendrá que el mínimo de infraestructura para poder operar, cosa que hasta hora miles no tienen.

El nuevo modelo educativo deja también un margen para que cada escuela pueda hacer ajustes a su propio plan curricular, y es aquí donde las escuelas deben imponer toda su creatividad para poder, desde ese margen, cambios significativos al modelo tradicional de educación, como, por ejemplo, eliminar la improductiva tarea (que le quita a los niños la posibilidad de gozar su infancia), crear un efectivo plan de fomento al hábito de la lectura y propagar más el estudio de las artes, en especial la música, y los valores cívicos, a fin de crear niños más susceptibles a la compasión y más impermeables a la violencia.

El nuevo modelo educativo tal como está planteado es modélico, en realidad. Un cambio radical en la manera en que hemos sido educados, una nueva forma de que México se inserte, desde el presente, en su propio futuro, pero la práctica será otra cosa y no sé si la planta docente esté preparada o quiera prepararse para asumir ese gran reto, el único y verdadero que puede transformar desde las entrañas a este país que parece que se ha quedado con muchas entradas, pero sin ninguna salida.

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