El error de Rueda y Ochoa

El lenguaje político en Colima ha cambiado porque la realidad política ha cambiado también. Siempre es así: cambia la realidad y, como consecuencia lógica, cambia el lenguaje que la expresa.

Esto, sin embargo, no lo han entendido algunos militantes priistas, sobre todo los de viejo cuño. No saben que Colima tiene ya un rostro político nuevo. Parece que el propio gobernador Nacho Peralta lo comprendió desde la elección ordinaria, donde el PRI quedó barrido prácticamente del mapa electoral, pero no así sus satélites políticos, quienes le harán mucho daño si no cambian de discurso y actitud. Daño al gobernador y, por supuesto, daño a los colimenses, a quienes ofenden sin pudor.

El primer error lo cometió, en este sentido, el propio Rogelio Rueda Sánchez, presidente del PRI estatal. El error fue por partida doble, en realidad: primero cuando habló del fallido nombramiento de Nabor Ochoa en la Semarnat, lo que contrarió la declaración políticamente correcta ofrecida por el propio ejecutivo estatal, quien se mostró respetuoso de la decisión de su homólogo federal, y después -más grave aún- cuando puso la normatividad de la equidad de género por encima del honor moral del entonces candidato priista Nacho Peralta, quien se había comprometido a tener un gabinete con un número bien equilibrado de hombres y mujeres. El presidente estatal del PRI, Rueda Sánchez, debió mejor abstenerse de ofrecer cualquier justificación, pues en ella sólo confirmó y evidenció la demagógica promesa de su candidato.

El error del secretario general de gobierno, por su parte, Arnoldo Ochoa González, fue todavía más ofensivo: le dijo a la población que nuestra realidad colimense en la actualidad era acostumbrarnos a vivir entre guerras de cárteles y entre muertos consuetudinarios, pero que no nos preocupáramos porque esta guerra sólo cobraba vidas de gente deshonesta, sin saber que con esta declaración pasaba por el cedazo incriminatorio al propio ex gobernador del estado Fernando Moreno Peña, muy cercano al actual gobernador Nacho Peralta y quien fuera baleado hace unos meses en un conocido restorán, hecho sobre el cual la ciudadanía sigue esperando una detallada explicación. Los medios de comunicación que antes exigían lo mismo para el caso Cavazos, por ejemplo, ahora nos han reservado un sospechoso silencio: nada reclaman sobre la resolución del atentado sobre Moreno Peña.

El mismo Ochoa González culpó de la violencia al ex gobernador Mario Anguiano, salida fácil para un encargado de la política interna del Estado, pues en realidad la violencia se recrudeció desde el pasado gobierno interino, donde ya el experimentado político Ochoa González ocupaba el mismo cargo que ostenta ahora.

Esperamos que esos más de mil millones de pesos que el mandatario estatal informó destinar a seguridad nos marquen pronto una diferencia: la población no quiere que, con el pretexto de que se trata de una guerra de cárteles, el gobierno se cruce de brazos y el millonario presupuesto vaya a dar a destino incierto.

El Estado, como lo decía el teórico político Carl Schmitt, tiene como único objetivo la pacificación social, “creando tranquilidad, seguridad y orden”. Si en esta tarea falla, su razón de ser no tiene sentido: esperamos, pues, la vuelta al Colima que en las pasadas campañas nos prometió el actual mandatario.

El beneficio de la duda, por supuesto, todavía sigue vigente para él y sus colaboradores.

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