El equipo de Nacho Peralta: los rostros de Colima

Por fin se resolvió el mayor de los enigmas luego de los resultados de las votaciones que ganara el priista Nacho Peralta: los nombres que conformarían gabinete. Días previos a la toma de protesta como gobernador, las apuestas rodaron por las redes sociales más confundiendo que dando certeza a la sociedad, levantando aristas y suspiros. Como era algo inminente, yo preferí guardarme mis dotes de pitoniso y esperar a la víspera. Ahora ya tenemos, en la nota que informa sobre los nombres del equipo que estará a cargo de la conducción del estado por lo menos en este arranque de gestión, los rostros de quienes harán que la complicada gobernanza de Nacho Peralta sea menos accidentada para él y, sobre todo, para la ciudadanía. Como ya lo había dicho en varias colaboraciones anteriores, cuando hablé que el gabinete del gobernador Pérez Díaz estaba conformado por casi pura gente cercana a Nacho Peralta, muchos de los rostros que ahora vemos fueron ratificados. Pero llaman la atención algunos aspectos que esta elección y estos rostros proyectan. El primero y más controvertido es el rostro de Arnoldo Ochoa, quien fue ratificado como secretario general aun cuando no sólo las diferentes fuerzas políticas lo han visto como un político que no representa para nada los intereses de la sociedad, sino que también la sociedad misma le ha mostrado su total rechazo. Aun así, el gobernador Nacho Peralta decidió ratificarlo en un cargo que es, prácticamente, el segundo más importante dentro de la administración estatal. No sabemos a qué se haya debido esta decisión, pero, por lo pronto, demos un voto de confianza a la experiencia de Arnoldo Ochoa (combinada con la juventud del propio mandatario) para hacer un sano equilibrio en la gobernanza del Estado. Unido a este rostro que pertenece a una generación ya pasada, aliada a un grupo político que lejos de beneficiar a Nacho Peralta lo envuelve en un halo de sospechosismo, se encuentra el rostro del ex rector Carlos Salazar Silva. Sin embargo, aunque Carlos Salazar Silva es un miembro distinguido de lo que se ha dado llamar el Grupo Universidad, hay que decir en su descargo que su gestión rectoral (vista en la distancia) fue buena y sólida y que él mismo como médico tiene una probada autoridad dentro de su gremio, además de la experiencia que le dejó dirigir los destinos de la institución educativa más importante de nuestro Estado. Aunque no perteneciente a la generación de Arnoldo Ochoa y Carlo Salazar, pero tampoco a la de los más jóvenes rostros del gabinete, está Óscar Javier Hernández Rosas, nombrado secretario de Educación, una secretaría que me parece crucial (pero crucial) para el desarrollo de nuestro Estado y la detonadora real del progreso ciudadano. Hernández Rosas tiene una reconocida trayectoria en el ramo magisterial (y ahí está el trabajo que realizó con éxito en diferentes rubros durante su paso por el Instituto Estatal de Educación para Adultos) y tendría que aplicarse de lleno en esta nueva encomienda que ahora trae consigo un suplemento: la implementación de la reforma educativa, que justo está entrando de lleno ahora que adquiere esta responsabilidad. El anterior secretario, el Dr. Armando Figueroa, quien ha hecho un papel impecable dentro de su gestión, debería quedar como un pilar de centro y una pieza clave dentro del nuevo organigrama de la Secretaría de Educación porque de otra manera todo el trabajo llevado a cabo hasta ahora se desarticularía en perjuicio mismo de la sociedad, de los estudiantes y de los trabajadores de la educación. Como es visible que en el gabinete de Nacho Peralta prevaleció la diversidad (generacional, de corrientes ideológicas e incluso de experiencias, extrañándose mucho el tema de la equidad de género), el resto de los integrantes del gabinete (salvo un par más de ellos sin aspavientos públicos) son realmente jóvenes, nuevos rostros pero sin manchadas trayectorias, como, por ejemplo, la del secretario de Cultura, Carlos Ramírez Vuelvas, la del secretario de Turismo, César Castañeda Vázquez del Mercado, la del secretario de Planeación y Finanzas, Carlos Noriega García,  la del consejero jurídica, Andrés Gerardo García Noriega y la del coordinador General de Comunicación Social, Fernando Cruz García. De todos estos nuevos rostros resalta, sin duda, el de Indira Vizcaíno, que tuvo una actuación controvertida y polémica durante las elecciones, pues se le acusó de traicionar su propia causa política y a su militancia, para ser comparsa (como ya lo dije yo mismo en otra colaboración) del priista Nacho Peralta. Esta secretaría es su recompensa y lo único que se esperaría, nada más, es también darle un voto de confianza y esperar que haga un papel digno por el bien de Colima. Nacho Peralta, pues, ha enviado ya su primer gran mensaje a la ciudadanía. Yo, salvo el nombramiento de Arnoldo Ochoa, creo que es un primer mensaje esperanzador de un cambio verdadero en el rumbo que necesita Colima para los próximos seis años. Ojalá que detrás de estos rostros no se escondan otros rostros malévolos y otras manos movedoras de los hilos del gobierno, porque entonces sí todo lo construido hasta ahora se iría de bruces. Esperamos de Nacho Peralta, por último, mano firme y bienintencionada, cero ambiciones desmedidas de poder y de dinero y mucha voluntad para cumplir con lo que reiteró en su campaña: hacer de su gobierno el mejor de la historia de Colima. Ya veremos si lo consigue.

 

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