El Chapo, sin maquillaje

Sólo en nuestro país puede suceder que un criminal (El Chapo) y una actriz (Kate del Castillo) protagonicen su propio romance ante la mirada entre apasionada y complaciente no sólo de millones de mexicanos, sino de nuestro propio estado de Derecho.

Que la actriz Kate del Castillo y el actor Sean Penn hayan conseguido dar con el paradero del capo del narcotráfico para una entrevista en la que éste (El Chapo) contesta a sus preguntas más bien precariamente, no es nada comparado con el fracaso de las autoridades tras su fuga el 11 de julio del pasado año y la crisis política, económica y ética por la que atraviesa nuestra nación.

Nadie con un mínimo de conocimiento de la realidad social mexicana y del mundo del narcotráfico podría creer que la captura o recaptura de un capo (así sea la del más buscado del mundo) servirá para acabar con este mal que nos ha venido carcomiendo en las últimas dos décadas, con severos estragos.

Hasta el mismo capo lo dijo en la polémica entrevista de escasos 17 minutos: “Pues, para lo que yo veo y sé es que todo sigue igual, nada ha mermado…”.

Dentro o fuera, afirma el líder del Cártel de Sinaloa, todo seguirá igual.

Entonces: ¿cuál es el sentido de su encarcelamiento si, en nuestro país, las autoridades forman parte del mismo tejido criminal?

La posible extradición de El Chapo causó polémica precisamente porque se teme que en el vecino del norte confiese toda esta red de complicidades entre el gobierno mexicano y el crimen organizado.

Al gobierno mexicano no parece esto preocuparle, porque de otra manera lo hubiera asesinado el mismo día de su detención y habría acabado con el problema. Sin embargo,  lo dejó vivo, aun ante la posibilidad de que las autoridades estadounidenses logren su extradición, lo que podría tardar más de un año.

En cualquier caso, una cosa está clara: no sabemos si para ver si finalmente se casa con Kate del Castillo o simplemente para seguir llevando los negocios del narcogobierno en paz, o quizá para que siga sirviendo como la gran cortina de humo de todos los fracasos del gobierno peñanietista, pero a la clase política le interesa el Chapo Guzmán vivo, en la cárcel y, por lo pronto, aquí en México.

 

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