El camino de la UdeC: 75 años

  Con mis condolencias para el Dr. Carlos Salazar Silva, por el lamentable fallecimiento de su esposa María Hernández

 

 

Este año ha sido un año de cambios para nuestra casa de estudios. La mayoría de ellos enfocados no sólo a celebrar sus 75 años con una serie de eventos importantes que tienden a demostrar el valor que ha tenido nuestra institución para el desarrollo del estado, y el orgullo que ésta representa para los colimenses, sino también una serie de cambios que buscan consolidar su trayectoria y hacerla seguir caminando con pies de plomo. Los cambios que se hagan al interior de nuestra alma máter son necesarios e, incluso, inevitables, y no deberían, en todo caso, herir susceptibilidades al exterior de la casa de estudios, a menos que fueran notoriamente en perjuicio de la misma y en daño inminente para su destino. El acecho al que ha sido objeto nuestra institución en las últimas décadas, por parte de visibles grupos políticos y de intereses muy específicos, ha sido una constante que la Universidad ha tenido que sortear para evitar ser desestabilizada y sacada de sus objetivos primordiales, que son generar y transmitir conocimiento. El último ataque notorio a nuestra casa de estudios provino, como muchos lo saben, del ex líder del SUTUC, Leonardo Gutiérrez Chávez, y de un grupo de profesores universitarios agremiados a Morena, cuyo líder en Colima, Vladimir Parra, hizo hace poco una apología del presidente de Ecuador, Rafael Correa, sin darse cuenta de que  recientemente éste fue acusado a nivel internacional de reprimir, perseguir e incluso asesinar a periodistas opositores de su régimen, régimen que, por cierto, ya va a cumplir una década y que pretende, a través de una argucia constitucional, hacerse eterno. Otros ataques a nuestra casa de estudios han surgido derivados de los cambios que hizo en su gabinete el rector Hernández Nava hace unos días, cambios que, como lo escribí en mi pasada colaboración, tienden visiblemente a consolidar la misión de responsabilidad social que este rectorado se ha impuesto, esto es a estrechar los lazos (a través de sus canales de comunicación) de nuestra institución con la sociedad y, además, como lo dijo el mismo rector Hernández Nava, a fortalecer su autonomía y promover la lealtad institucional.  No creo (como lo afirmó recientemente un medio de comunicación) que los cambios hayan sido para desestabilizar el liderazgo del rector Hernández Nava, ni mucho menos para que un grupo político le arrebate su control, sino para todo lo contrario: fortalecer el liderazgo rectoral y apuntalar la misión que se ha impuesto su gestión. Lo importante, eso sí, es que la labor comunicacional de nuestra casa de estudios no deberá pasar indiferente a tales alusiones. Lo mejor es que, sin desviarse nunca de sus objetivos principales, haga las precisiones necesarias cada que haya lugar para evitar que esto incremente las suspicacias, pues es precisamente para eso que se ha fortalecido el área de comunicación universitaria.

 

Escribe un comentario en este artículo

Comentarios