Edomex: la ruta hacia 2018

Ninguna campaña electoral tuvo tanta cobertura periodística como la que se ha llevado a cabo en el Estado de México, la cual, como se ha dicho, se ha convertido en la madre de todas las batallas.

Si bien se dice que la contienda está entre la candidata morenista Delfina Gómez Álvarez y el priista Alfredo del Mazo, lo cierto es que hay una gran confusión y escepticismo entre quién se hará del triunfo este próximo 4 de junio.

Una supuesta encuesta falsa de Consulta Mitofsky circulada a través de las redes sociales, al parecer por el intelectual John Ackerman, puso en un grave predicamento a los rojiblancos pues en ella aparecía con gran porcentaje de ventaja la morenista Gómez Álvarez, tanto que tuvo que salir Roy Campos, director de Mitofsky, a desmentir dicha encuesta y a señalar que se tuviera mucho cuidado con la información apócrifa que estaría surgiendo previamente a las votaciones.

En cualquier caso, las elecciones del Estado de México han impedido, por un lado, la importancia del resto de los comicios para Gobernador (en Nayarit, donde al parecer lleva ventaja la alianza PAN-PRD, o en Coahuila, donde el PRI despunta) o para congresos y municipios, pues también estos resultados presagiarán, junto con los comicios que se vivieron el año pasado, el recambio presidencial de 2018.

Aunque el bastión del Estado de México es de suma importancia en virtud de que se trata del nicho del que surgió el actual Presidente Peña Nieto, que hoy tiene ahí mismo una desaprobación ciudadana del 78 por ciento, basta ver lo que le ha venido sucediendo al PRI en el resto del país para saber que si hay un partido desacreditado a nivel nacional y con un nivel de rechazo que espanta ese es el mismo Revolucionario Institucional, que no ha podido recuperarse de su descrédito ni aun cuando ha emprendido una avanzada de limpieza de sangre en contra de quienes antes, según el propio Ejecutivo federal, representaban ni más ni menos que los rostros del nuevo PRI: Javier Duarte, Tomás Yarrington, Roberto Borge, etcétera, hoy acusados de la más alta corrupción en los respectivos estados que gobernaron.

Lo que, por encima de todo, parece todavía más temerario es creer que quien gane las elecciones del Estado de México ganará las presidenciales en 2018. No es así. Si Alfredo del Mazo es derrotado por Delfina Gómez, es muy probable que aun así gane el próximo candidato priista presidencial (Videgaray, seguramente) pues a Estados Unidos no le convendrá tener a un Gobierno contra-neoliberalista como el de López Obrador, a menos que éste renuncie a su avanzada antiimperialista que tanto lo ha catapultado políticamente. Si gana, en cambio, Alfredo del Mazo y se impone la mano presidencial a toda costa, como parece que sucederá, entonces la ira social contra el PRI se recrudecerá y producirán un escenario inédito (de nuevas alianzas y estrategias de cooptación del poder) que podrán poner en un serio predicamento al PRI en el 2018.

Con todo, la historia de Latinoamérica indica que las amenazas al poderío de las transnacionales estadounidenses en nuestro territorio es imperdonable y que nuestro vecino del norte hará lo que sea para que éstas no sean perjudicadas con políticas ultranacionalistas, y menos ahora que Estados Unidos atraviesa por un duro momento a nivel mundial.

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