Debate y responsabilidad universitaria

A los universitarios no nos debieran interesar tanto los resultados del debate cuanto que nuestra alma máter ha sido propiciadora de las ideas que en él se cobijaron. Tampoco nos debiera interesar (como comunidad, no como individuos) quién de los candidatos ganará cuanto que los lazos entre gobierno e institución educativa sean de apoyo recíproco y no de animadversión política.  Porque si una cosa resalta en este momento de dura (y ríspida) jornada electoral es que nuestra casa de estudios ha tenido una participación respetuosa y plural, y no se ha visto envuelta en ningún escándalo mediático ni en ninguna acusación que comprometa sus funciones sustanciales: propiciar el debate de las ideas pero sin tomar partido (ni, mucho menos, obligar a tomar partido). Estamos fácilmente dispuestos a emitir críticas (sobre todo de tipo moral), pero somos alérgicos a reconocer méritos (incluidos los de tipo moral, también), de forma que no está de más  acostumbrarnos a lo uno y a lo otro. Por eso, es importante reconocer como mérito lo que el rector Hernández Nava ha conseguido durante estos meses de campañas electorales, que no han sido nada fáciles, como lo podemos ver apenas asomarnos a los medios de comunicación, a las redes sociales o a la calle: conseguir que las funciones de nuestra casa de estudios no se politicen aun cuando no han faltado sistemáticas críticas por parte, principalmente, de los candidatos-universitarios del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), quienes han tomado como bastión de su campaña política obsoletas rencillas y viejos resquemores, nada, pues, que tampoco pueda ser ajeno a una universidad en la que hasta esta disidencia debiera ser parte consustancial de la misma siempre que no violente derechos de terceros ni trate de imponer una sola idea de la realidad (social, política, cultural) para todos. Para nuestra casa de estudios es un gran reto mantener este equilibrio, sobre todo en tiempos adversos, como éste. Una universidad respetuosa de lo plural, pero también respetuosa de las leyes que la rigen, una universidad dedicada a generar conocimiento, transmitirlo y ponerlo al servicio de la sociedad es una universidad que estará más allá siempre de disputas de grupos de poder (internos o externos) o ambiciones personales. Este es el camino menos escarpado para cualquier institución educativa, y el de mayor éxito para toda la comunidad universitaria. No hay que perderlo.

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