De camino al congreso local

He hecho ya, al día de hoy, en anteriores entregas un análisis sumarísimo con respecto a la batalla electoral por el Senado de la República, por las diputaciones federales y por las alcaldías, de manera que ahora toca el último tramo, el Congreso local, análisis que se retrasó una semana en virtud de que a Morena le fue negado por el Instituto Electoral local el registro de sus candidatos a diputaciones locales. Como en ocasiones anteriores, y para cerrar este primer ciclo de análisis, intentaré una suerte de cartomancia pero con una base muy específica en la realidad, teniendo en cuenta que lo que sucedió con la actual legislatura local ha sido más controversial de lo que parecía.

Empecemos diciendo, pues, que en las pasadas elecciones se dieron grandes vítores debido a que por primera vez en la historia el Congreso local había quedado, en su mayoría, en la oposición, no era un Congreso que le favoreciera al Ejecutivo estatal. Lo tenían, esta vez, los panistas, y no los priistas de antaño. Se dio una gran expectación debido a esto y la verdad es que se esperaba, ahora sí, que esta contrafuerza pudiera serle útil a la sociedad. No fue así: en gran medida por el mal trabajo que hizo el líder de la fracción panista y, además, en gran medida por la deserción de tres diputados: Nicolás Contreras, Javier Ceballos y Luis Ayala, los dos primeros, por cierto, hoy compitiendo por su reelección. Si a esto agregamos que tres legisladores (Crispin Guerra, Riult Rivera y Julia Jiménez) no estuvieron a la altura de su azul camiseta, la oposición real de la legislatura quedó pulverizada. Los dos primeros mencionados (Crispín y Riult) también participan, por cierto, en la reelección.

Teniendo por cierto que de nada sirve un congreso a modo (sobre todo cuando se trata de ir en contra del bien popular), el mayor reto para la sociedad en las próximas votaciones es identificar muy bien a los candidatos por los que se votará a fin de conseguir que sus representantes populares velen por sus intereses y no por los del grupo en el poder. Como lo he dicho antes, entre los candidatos a reelegirse están Nicolás Contreras (de quien pondero una importante Ley para fomentar la cultura cívica en el Estado), Riult Rivera, Crispín Guerra y Javier Ceballos (quien emigró al PRI, donde de facto parece que siempre ha estado). La novedad no es, sin embargo, que Movimiento Ciudadano se haya deslindado del Frente conformado por el PAN-PRD, ni tampoco que haya hecho lo propio el PANAL con el PRI (partido que aún creo que pudo haber sido más atractivo en sus ofertas electorales), sino lo que representará la planilla de Morena en estos comicios, teniendo en cuenta la marca lopezobradorista (que sube en el ánimo de los electores) y, sobre todo, el declive del estigma priista, que se impone irremediable.

Lamentablemente, salvo en algunos casos, Morena no puso candidatos ciertamente competitivos y con trayectoria en el ánimo elector, así que la sorpresa podría quedar truncada. Lo compensa, sin embargo, que en Movimiento Ciudadano y el PANAL tampoco hay candidatos fuertes, aquellos incluso que sobresalen son parte de emigraciones de otros partidos, principalmente del PAN y del PRI. En síntesis: se aprecian por un lado candidatos de dudosa reputación y, por otro lado, candidatos improvisados, por lo que se augura, en cualquiera de los casos, una próxima legislatura endeble y poco benéfica en términos sociales.

Lo que yo esperaría es que, al menos, el Congreso fuera conformado en su mayoría por candidatos de oposición (de Movimiento Ciudadano, del PANAL y de Morena, principalmente), que estos candidatos se unieran en un frente común  y que representaran ciertamente un equilibrio real con el Ejecutivo (sobre todo en cuanto a endeudamientos) y en favor del beneficio de la sociedad colimense. ¿Podrá conseguirse? Ya lo veremos

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