Colima, un estado sin ley

Más allá de que estamos a unos días de que el priista José Ignacio Peralta Sánchez tome protesta como gobernador de nuestro estado, hay en la actualidad un problema que alarma (e indigna) a todos los colimenses y que urge resolver: la inseguridad, principalmente aquella que tiene que ver con el alto número de crímenes que se cometen a diario impunemente en nuestra localidad. Aun cuando los medios de comunicación aliados al actual gobierno interino de Ramón Pérez Díaz, que serán los mismos que se aliarán al próximo gobierno de Nacho Peralta, guarden silencio ante tanto crimen, sin mencionar los robos, extorsiones y ese clima tenso de inseguridad que se repira en el ambiente, es imposible no darse cuenta de las ejecuciones que se llevan a cabo de forma consuetudinaria. Si bien estamos en un impasse debido a este periodo de transición gubernamental, esto no justifica que nuestra ley se calle y se encoja de hombros. El gobernador Pérez Díaz ha permanecido impávido ante un Colima que sangra. Por razones insospechadas, el Ejecutivo estatal se encuentra maniatado y sin darnos una explicación de lo que está sucediendo con este recrudecimiento de la violencia que vivimos, mucho menos con detenerla. Es triste saber que, según la encuesta hecha por el Instituto Nacional Electoral,  el 66.7% de nuestros niños y jóvenes colimenses no se sienten seguros en nuestras calles. Triste es saber que nosotros como padres ya no podemos sentir la confianza de dejarlos ir a visitar a un amigo de una colonia o barrio vecino sin el temor fundado de que le puede pasar algo, como cuando los que fuimos niños y jóvenes en este mismo Colima caminábamos sus calles con la misma libertad con que lo hacíamos dentro de nuestra propia casa. A unos días estamos, como dije, de cambiar relevo gubernamental en nuestro Estado y, sin duda, una de las tareas que deberá estar en la agenda del nuevo gobernador, Nacho Peralta, será trabajar por devolverle a nuestra entidad la tranquilidad que antes tenía, porque esa es la principal función de todo estado y su razón misma de ser: traer la paz entre sus habitantes, de tal modo que nuestros niños y jóvenes (y los padres o tutores que se encargan de su cuidado) tengan la certeza de crecer y desarrollarse en un ambiente de paz, seguridad y confianza. Yo no creo, en realidad, en el Mando Único por la simple razón de que nuestro país (de raíz tiránica) lo único que hará será exacerbar más la corrupción policial, verticalizarla y, obviamente, incrementar su impunidad, que, según las últimas estadísticas del Índice Global de Impunidad México 2016, ya en nuestro estado ocupa un lugar alto. Yo creo, simplemente, que el nuevo gobierno debe implementar medidas reales para abatir el desempleo y la corrupción, por un lado, y apostarle a la consolidación de un proyecto educativo realmente eficaz, por otro, un proyecto educativo sin demagogias, para que la sociedad pueda aspirar a una real evolución de su conciencia civil que le permita salir de esta barbarie diaria, antes de que se nos convierta en una parte íntima de nuestra propia vida.

 

 

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