Coalición “Juntos Haremos Historia”, divídela y vencerás

 

Si bien es importante que la comentocracia colimense no deje de ponderar la estrepitosa caída que sufrió el PRI en las pasadas elecciones, incluida la del propio PAN, mal haríamos en perder de vista a la coalición política que tendrá mayoritariamente las riendas de nuestra entidad en los próximos tres años, especialmente desde el Congreso local. Me refiero a la coalición “Juntos Haremos Historia”, que tiene en López Obrador a su figura tutelar y que, en lo local, no presagia ser el sanalotodo que los electores están esperando.

 

Pondré un solo ejemplo que debería encender los focos rojos no sólo al interior de esta coalición sino incluso al exterior ciudadano. Miren: de entre todos los actores políticos que formarán parte de la nueva nomenclatura estatal por parte de la coalición “Juntos Haremos Historia” el que más debe preocuparle a esta coalición es, sin duda, el joven Vladimir Parra. Alguien podría pensar que más peligrosa para nuestra democracia local es la propia Indira Vizcaíno, pero ésta lo fuera si no estuviera plenamente identificada como una política dispuesta a lo que sea por cristalizar sus ambiciones (siempre personales) de poder.

 

El caso de Vladimir Parra, sin embargo, es preocupante precisamente porque esconde debajo de ese antifaz de joven de izquierda, luchador social e incluso intelectual (se regodea mostrando en sus redes sociales lecturas de altisonancia ideológica izquierdista y poesía revolucionaria) a un pequeño tirano, el clásico caudillo demagogo fascinado por el culto desmedido a la personalidad y capaz de traicionarse a sí mismo con tal de conseguir sus propios objetivos. Hoy quiere, precisamente, ser a toda costa coordinador del Congreso estatal, mañana querrá gobernar el planeta.

 

Pero lo cierto, y hay que decirlo con todas las letras, es que el joven Parra es un usurpador y un falsario. Un usurpador, porque ha hecho creer que ha llegado al Congreso del Estado por Morena cuando en realidad lo ha hecho por el Partido Encuentro Social (PES), hoy desaparecido como tal. Y un falsario, porque sus intenciones no son colectivas sino personales, como las de cualquier autócrata. Es, junto con Indira Vizcaíno, el peor enemigo que tiene la coalición “Juntos Haremos Historia”, su caballo de Troya, y la peor amenaza para el ejercicio del poder legislativo, que representa la voz de todos los ciudadanos, los cuales desean verse personificados por filántropos y no por ególatras.

Es tanta la obnubilación política de Vladimir Parra que ha llegado a embelesarse con la idea de su parecido físico con Andrés Manuel López Obrador, cuando éste tenía su misma o similar edad. En su excesivo afán protagónico, Parra terminará por ser más destructivo para la coalición y el Congreso que constructivo para la sociedad, si no se le pone en su lugar a tiempo.

El Morena congresista no debería permitir entre sus filas a un falso púgil social que venera a dictadores como Hugo Chávez, Rafael Correa o Daniel Ortega. Parra emula la Revolución Cubana (su mayor referente son las canciones de Silvio Rodríguez), pero en el fondo su fascinación es hacia el dictador Fidel Castro, su alter ego. Ojo y aguas: No olvidemos que de la izquierda han salido los peores déspotas de nuestra historia reciente.

 

Pero tampoco Morena necesita a un coordinador de congreso que quiere todos los reflectores para él y no para la ciudadanía (que es la que de verdad importa), ni mucho menos un personaje que se ha impuesto como un simple factor de divisionismo y no de unión. Si la coalición “Juntos Haremos Historia” se duerme en sus laureles, su sorpresivo triunfo no será más que un ensueño que durará lo que dura una burbuja de jabón en el aire. O para decirlo más programáticamente: durará hasta las próximas elecciones.

 

El propio líder estatal de Morena, Sergio Jiménez Bojado, lo reconoció ayer: si no hacen bien su trabajo alcaldes y congresistas la sociedad los rechazará en las urnas, como hicieron con el PRI y el PAN. El reto, sabemos, es grande y no pocos (de verdad que no pocos) estarán muy contentos de que Morena se vaya de bruces. El problema es que la caída también arrastrará, como sabemos, otra vez, el bienestar de la sociedad colimense, ya bastante apaleada por los malos gobiernos.

 

 

 

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