Claudia Yáñez Centeno, cada vez más cercana a la gubernatura

Desde que Morena arrasó en las elecciones pasadas en Colima, las expectativas sobre todos los candidatos ganadores sobrepasó los límites de forma inusual. Morena se había apoderado del Congreso local, Morena se había hecho del municipio históricamente más fuerte electoralmente (Manzanillo) y de otro municipio no menos importante (como el propio Tecomán) y Morena tenía también una voz resonante en la Cámara Alta y Baja. Pese a este gran derrotero electoral, pronto los depositarios de este triunfo empezaron a mostrar lo que eran realmente como servidores públicos. Así, pues, en el Congreso local, bajo el liderazgo (un tanto espurio) del diputado Vladimir Parra Barragán, la avanzada de dicha legislatura devino en descrédito, sobre todo porque el diputado Parra Barragán no cumplió las promesas que había hecho en campaña, entre ellas bajarse a la mitad su oneroso salario, pero además porque más que de verdad trabajar para la ciudadanía el grupo parlamentario de Morena se enfrentó en una guerra de poder y de intereses personales que hasta ahora no termina. Se hizo, como se dice vulgarmente, una guerra de grillos. Por otro lado, en los municipios de Manzanillo y Tecomán la gestión de los respectivos munícipes ha sido muy pobre y hasta polémica. Por más que se ha querido, por ejemplo, dar lustre a la gestión de la presidenta Griselda Martínez, lo cierto es que ha sido errática en sus determinaciones públicas y se ha enfrascado en dimes y diretes innecesarios que lo único que han ocasionado es que su administración pierda todo rumbo y dé la impresión no sólo de que naufraga sino de que solo avanza por inercia. Algo muy parecido ha sucedido con el alcalde de Tecomán. Con respecto a este grupo es inevitable hablar de la superdelegada Indira Vizcaíno, quien a este día parece que aquella primera resonancia y posicionamiento (casi irrebatible) que se tuvo cuando fue nombrada para tal encomienda por el presidente López Obrador (y la cual le daba una especie de pase automático a la candidatura a la gubernatura), hoy ha devenido más bien en más obstáculos que en fortalezas. Pese a que Indira Vizcaíno ha sabido sortear las polémicas en las que ha estado envuelta (desde el Caso Altozano hasta el Caso Rogelio Rueda), nadie podrá negar que esto ha mermado sensiblemente su principal proyecto político: la gubernatura del Estado. Entre todos estos nombres (los más visibles por el momento), está uno que empezó prácticamente desde cero: es el de Claudia Yáñez Centeno, diputada federal por Morena. Pese a ser prácticamente nueva su participación en el ámbito político, Yáñez Centeno se propuso un plan de trabajo arduo desde el primer día que inició como diputada federal, y sin prisa pero sin pausa fue creciendo poco a poco (alejada de toda polémica) hasta convertirse al día de hoy en una de las morenistas con más posibilidades de conseguir la candidatura a la gubernatura por este partido. De no aparecer en las encuestas de ningún tipo para la gubernatura, ahora su nombre es inevitable en ellas, y si a estos atributos que se ha ganado a fuerza de trabajo y, sobre todo, de no involucrarse en actos de sospechossa corrupción, agregamos que es hermana de uno de los hombres más cercanos al presidente López Obrador y además lleva una excelente relación con Mario Delgado, no sólo también un hombre cercano al presidente sino incluso el posible presidente de Morena, entonces el camino hacia la candidatura de Claudia Yáñez se despeja de una forma en la que nadie habría imaginado cuando recién empezaron a gobernar los morenistas en nuestra entidad. Si bien en política nada es seguro, hay siempre hechos contundentes que van señalando direcciones que no se pueden obviar, y por eso mismo hoy por hoy Claudia Yáñez Centeno se ha convertido en uno de los nombres de Morena con más posibilidades de conseguir la más alta responsabilidad pública de nuestro Estado.    

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