Candidatos priistas para 2021

El único partido político colimense que no se había decidido a abrir a sus posibles candidatos para la contienda electoral a la gubernatura de 2021 era el PRI, pero, obligado por las circunstancias, tuvo que hacerlo hace unos días. Tanto el líder estatal de este instituto político, Kike Rojas, como el líder de los burócratas del Estado, Martin Flores, barajaron públicamente los nombres de los aspirantes, entre los cuales se encuentran Mely Romero, José Manuel Romero, Agustín Morales, Walter Oldenburg, Oscar Ávalos y el mismo Kike Rojas, este último encartado por Martin Flores aunque no descartado por el propio Kike Rojas aun cuando su actual encomienda le complique la nominación. Como dato curioso, se evidencia no sólo la coincidencia del ex dirigente estatal del PRI (Martin Flores) y del actual líder del mismo (Kike Rojas), cada cual ligado a grupos políticos en apariencia antagónicos al interior del priismo local pero finalmente pertenecientes a un mismo partido y factible que, como debería ser, devengan en unidad. Pero seguir la ruta de las negociaciones internas para establecer los consensos que darán con el candidato del PRI a la gubernatura para 2021 es ocioso en este momento, lo interesante por ahora es analizar a los prospectos, la mayoría de ellos jóvenes políticos con perfiles muy particulares y con una circunstancia social distinta a la vivida en contiendas pasadas, en donde el PRI llegó a tener hegemonía nacional o, en su defecto, formas efectivas de retener el poder a nivel estatal, hasta en la elección pasada en que quedó prácticamente borrado del mapa electoral. Si bien hay quienes creen que el PRI es un partido muerto, yo no lo creo así, siempre y cuando elija a un buen candidato y Morena, principalmente, continúe en su ascenso de yerros, demostrando que no fue lo que prometió. El PRI, maniobrado inteligentemente, puede salir, al menos en lo local, de terapia intensiva y recuperar muchas de sus posiciones perdidas, aunque creo que al día de hoy no le sea posible retener la gubernatura. Vistos en bloque, los candidatos no parecen representar un atractivo alentador (no se aprecia un político que nos representara a un verdadero hombre de estado), pero el bloque tiene sus ventajas. El hecho de que los conozca personalmente, y a muchos de ellos los estime, no me impedirá hacer una reflexión objetiva sobre cada uno de ellos, pues veré a los entes públicos y no a los hombres en su dimensión personal. Con respecto, por ejemplo, a Walter Oldenburg, considero que es el que menos negativos tiene del grupo en tanto que su ingreso a la vida pública es reciente y no hay en su historial una cadena de agravios que le puedan generar el repudio (o la rabia) social que puede despertar el resto. No ha sido, sin embargo, tan sobresaliente su paso por la Secretaría de Fomento Económico como se esperaba y noto un estancamiento incluso sobre aquel candidato innovador que dio una buena pelea cuando fue candidato a la presidencia municipal en la elección pasada. En el caso de Agustín Morales, he visto a un priista institucional pero no brillante, y su paso por la Secretaría de Desarrollo Rural ha sido más bien anodino, cuando no inapreciable. Mely Romero, por su parte, es una mujer inteligente y sensible, y aunque perdió la contienda para la diputación federal, yo creo que esto lo fue más por una circunstancia política que por un defecto de campaña u propuestas. Además, contrario a otras mujeres políticas, Mely Romero no ha sido una mujer de escándalos de ningún tipo, ni en su vida privada ni en su vida pública. Si bien Kike Rojas tiene aspiraciones pese a que es dirigente del PRI, yo ponderaría en él la forma en que se crece ante la adversidad, y eso es plausible. Recuerdo que muchos se rieron cuando Kike Rojas manifestó su interés por dirigir a los priistas del Estado, sin embargo Kike Rojas se ungió en dirigente estatal de su partido. Trae muchos negativos luego de su gestión como alcalde de la Villa y fue muy cuestionado pues uno de sus colaboradores terminó en la cárcel por una probable relación con el narcotrafico, así que tendría que valorarse todo esto sin complacencias a la hora de las definiciones. Voy a saltarme la aspiración de Óscar Ávalos porque creo que no tiene simplemente el embrague suficiente como para una candidatura de esta envergadura, y doy paso al que creo que puede ser el candidato de más posibilidades en este grupo: José Manuel Romero. Pese a que se habló de un distanciamiento con el mandatario estatal, la trayectoria de Romero Coello ha sido también notoria. La experiencia adquirida principalmente durante su paso por el gobierno federal, como director del Imjuve, lo hizo madurar en el oficio político y, además, le dio sin duda una visión de país cuya correcta aplicación bien le haría a nuestra entidad. No es un político de escándalos tampoco y cuenta con algo importante: tiene carisma, además de, creo, capacidad. Como lo he dicho anteriormente, el bloque en su conjunto no está mal, individualmente es más destacable aún, pero veo dos problemas: por un lado, el gobernador Nacho Peralta no ha hecho bien su trabajo (lo que es perjudicial para cualquier candidatura) y, como consecuencia de esto, al no estar fortalecido puede muy fácilmente dejar al garete al candidato de su partido y unirse a quien más visiblemente pueda resultarle una benéfica salida a su gestión, lo que puede ser muy probable que sea Morena, pues se ve claramente que el presidente de la república las quiere ganar todas. Se puede repetir un poco en lo local lo que sucedió en lo nacional con Peña Nieto, quien, para salvarse, tuvo que dejar al garete a Meade y pactar con Lopez Obrador, pacto que apenas llegó al poder López Obrador pudimos corroborar. De nada servirá, pues, que los candidatos priistas se desgañiten, ni siquiera que se elija al mejor candidato, si su peor enemigo lo pude tener dentro de su propia casa. En cualquier caso, este instituto político tendrá que hacer un ejercicio honesto y pragmático a la hora de elegir a los candidatos con los que competirá en las próximas elecciones y pulsarlos de cara siempre a una sociedad que sigue hastiada -se sigue viendo aquí, allá y acullá- de todo lo que huela y sepa a PRI.

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