Ataque al rector Hernández Nava

Un duro (e injusto) ataque lanzó el periódico Diario de Colima en su pasado Lunes Político al rector de nuestra máxima casa de estudios, Eduardo Hernández Nava, acusándolo (sin reservas) de promoverse políticamente de forma muy temprana,  más él mismo que a la institución.

El ataque alcanzó a la directora del CEDEFU, Alicia López de Hernández, recientemente galardonada por el Congreso del Estado con la presea “Susana Ortiz Silva”, que reconocía en ella, en el marco del Día Internacional de la Mujer, la labor social que ha venido desempeñando en los últimos 25 años, recordando con ello que López de Hernández, más allá de ser la esposa del actual rector, es una universitaria de galardonable trayectoria.

Como se sabe, la crítica, de donde venga, es bienvenida. La libertad de expresión es un derecho humano y nada ni nadie puede impedir su consumación, de ahí que yo mismo, en este preciso momento, la esté ejerciendo. Es más: en tiempos de crisis es cuando más se requiere su práctica, pues eso ayuda a salir de atolladeros y a poner luz donde encuentra uno dudas o incertidumbre. Sin embargo, cuando esta crítica no busca sino beneficiar un interés personal o de grupo, manipulando la información o emitiéndola de una forma parcial para crear una percepción distinta a la de la realidad, esta crítica deja de ser crítica para convertirse en un ataque, que es lo que precisamente hizo Diario de Colima en su pasado Lunes Político cuando habló del “exceso escénico” del rector Hernández Nava y de su esposa, e intentando con ello frenar la labor intensa de trabajo de ambos en favor no sólo de la comunidad universitaria sino también de la sociedad colimense en general, pues ese es el fin principal de un rectorado que se ha impuesto como misión la responsabilidad social.

Conociendo la línea editorial de Diario de Colima, que no es periodística sino política, esto es que lejos de haberse consolidado como un instrumento de comunicación objetiva e imparcial se convirtió en una herramienta al servicio del poder político y de los intereses económicos, los ataques al rector de nuestra casa de estudios no pueden, como he dicho, ni leerse a la ligera ni, mucho menos, dejar de replicarse, y más cuando no son bienintencionados ni veraces, pues eso implicaría, como se dice vulgarmente, consentirlos.

No quiero todavía enlistar los nombres de los posibles beneficiarios de este ataque frontal al rector Hernández Nava, porque los hay, pero sí decir que, primeramente, la labor del máximo líder universitario y de su esposa al día de hoy sólo reflejan lo que han venido haciendo en los últimos tres años: una intensa labor en beneficio de la comunidad universitaria y de la sociedad en general, pese a las limitaciones financieras por las que atraviesa nuestra casa de estudios.

Donde acusan “exceso escénico” no hay sino un trabajo intenso en favor de consolidar la unidad de los diversos sectores universitarios, la promoción de la diversidad cultural y el respeto a la pluralidad política, cónclaves que finalmente amurallarán la autonomía universitaria, para con ello evitar precisamente que intereses externos (salvo aquellos que la ley así aprueba) puedan interferir en su vida interna.

La fortaleza de nuestra casa de estudios, pues, está en sus propias entrañas. En no darles la espalda radicará la armonía y la estabilidad de su futuro próximo.

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