Abrir ventanas: the New Zealand Guitar Quartet

Cuando gran parte de la sociedad no tiene la posibilidad de ir a otros países para conocer sus costumbres y su cultura, entonces la única vía que nos queda es propiciar que esas costumbres y esa cultura vengan a nosotros de algún modo. La forma natural de hacerlo es a través de nuestras instituciones (educativas, de cultura, de turismo, etcétera), quienes mediante la gestión y sus funciones inherentes pueden (siempre y cuando quienes las dirijan tengan alta miras) hacer cristalizar estos encuentros, encuentros que siempre serán enriquecedores para todos en mayor o menor medida.
 
Nuestra Máxima Casa de Estudios, por la dimensión de su tarea y de su trascendencia en nuestra entidad, ha generado a lo largo de los años este tipo de encuentros, y gracias a ello muchos nos hemos visto enriquecidos y hasta se nos han abierto los caminos para poder saltar los límites de nuestras propias costumbres y cultura, mezclándolas y fundiéndolas con otras. Ningún universitario ni colimense, debería desaprovechar la fortuna de estos encuentros de los que hablo. El martes pasado, por ejemplo, tuve la oportunidad de presenciar el concierto que dio un cuarteto de guitarristas neozelandeses, de nombre The New Zealand Guitar Quartet.
 
El concierto se dio en la Pinacoteca Universitaria debido, en gran medida, a la gestión incansable del guitarrista y compositor italiano Simone Iannarelli, profesor de nuestra Universidad, quien gracias a su capacidad de gestión ha propiciado éste y otros magníficos conciertos, siempre con el respaldo de la Escuela de Música de nuestra Casa de Estudios. La Pinacoteca estuvo a su máxima capacidad y el concierto del cuarteto de guitarristas neozelandeses no nos quedó a deber en nada. Un memorable concierto que no sólo terminó ahí, pues al siguiente día los miembros del cuarteto ofrecieron clases magistrales a los alumnos de la Escuela de Música, lo que también generó un intercambio académico interesante.
 
Si me detengo a hablar de este concierto no es sólo por la grata impresión que me llevé al presenciarlo (conocí sonidos y técnicas nuevas, algunos experimentos musicales muy interesantes e innovadores), sino porque creo importante insistir en que desde todos los ámbitos universitarios (la Escuela de Música, la de Medicina, la de Derecho, la de Arquitectura, etcétera) debemos abrir ventanas para que entren aires nuevos a nuestra casa, los aires nuevos nos refrescarán y nos darán una nueva perspectiva de las cosas, nos quitarán prejuicios (sobre todo malos), impactarán en nuestra sensibilidad, ya no seremos nunca jamás los mismos. Si bien abrir todas las ventanas posibles de nuestra casa implica también asumir el reto de la tolerancia y del respeto a lo diferente, esto no significa el miedo a dejar de ser lo que somos para convertirnos en otros distintos, sino al contrario, significa simplemente convertirnos en otros distintos sin dejar de ser lo que somos.
 
Yo invito pues, a quienes se encargan de propiciar estos fascinantes encuentros, que lo sigan haciendo, son necesarios, es más, son imprescindibles para no dejar de darnos cuenta que estamos aún más allá de esos límites que nadie, sino nosotros mismos, nos hemos impuesto.

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