80 años de la UdeC e inicio de cursos

La Universidad de Colima cumple 80 años de vida y su aniversario coincide también con este inicio inédito de clases, inédito porque se ha producido en un momento que hace poco menos de un año nadie imaginamos. La emergencia sanitaria nos ha obligado a replantearnos no sólo la forma en que vamos a llevar a cabo las funciones sustanciales propias de una institución educativa sino, sobre todo, nos han impuesto una manera incluso de vivir y de ver la vida. Nuestra máxima casa de estudios ha realizado un esfuerzo sobrehumano (lo he visto con mis propios ojos) para poder transitar sin sobresaltos en medio de esta pandemia y seguir siendo la universidad que ha sido siempre, una institución fuerte con un capital humano comprometido con sus tareas y con una visión social del conocimiento y de su misión en la sociedad colimense. En su discurso inaugural de este ciclo escolar, el rector José Eduardo Hernández Nava fue enfático en hablar de la fortaleza del espíritu universitario y de cómo éste se crece en la adversidad, por lo que estaba seguro que estos tiempos no harían sino fortalecer más aún el espíritu universitario. No es nada fácil transitar por los tiempos actuales. La emergencia sanitaria es una realidad palpable y, como se sabe, no son pocos los universitarios que han sido afectados por ella, ya sea porque alguno padeció el virus en lo personal o porque así lo vivieron con alguno de sus familiares. La pandemia no ha terminado y está lejos de que termine en tanto el número de contagios no se detenga. Con un contagiado que ande en las calles sin saberlo es suficiente para que el semáforo no pase nunca a verde y las medidas se continúen con el rigor que ha sido tomado hasta ahora por la comunidad universitaria. Los 80 años de nuestra universidad la toman en una situación difícil pero con toda la madurez de una institución que se ha abierto paso entre la pluralidad de pensamientos, la diversidad de ideas y la convergencia solidaria de lo humano, lo único que realmente le da rumbo y sentido a una comunidad. Yo me formé en esta universidad, la amo con todo mi corazón, soy proclive a muchas personas que forman parte de ella (amigos y colegas) y yo bien podría instalar una casa de campaña en el corazón del campus central y vivir ahí para siempre, por esto mismo es que la defiendo de malignos invasores disfrazados de filántropos y aviesos prohombres y me entrego a todos aquellos que buscan seguirla consolidando en su propia grandeza. Estoy de acuerdo con el rector: la fortaleza de nuestra universidad no podrá ser vencida por esta pandemia, más aún sacaremos un aprendizaje de ella para poder convivir con su peligrosidad sin caer en los riesgos con que nos amenaza. Nuestra máxima casa de estudios cumple 80 años y se está preparando también para una nueva etapa en la cual todo lo construido hasta ahora se verá que no fue en vano. Sigamos todos, pues, tomando las medidas pertinentes y reconozcamos el trabajo que todos los que arduamente trabajan en la institución para que las cosas sigan (casi) como si nada hasta ahora hubiera pasado.

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