Gobierno insolvente y afectados

Hace unos días el gobernador Ignacio Peralta anunció que no podía pagarle los salarios a los trabajadores de gobierno del Estado, ni a los organismos autónomos y descentralizados, ni tampoco a los jubilados y pensionados. El anuncio, por supuesto, significó un bombazo para todos los afectados por esta situación. Algunos gremios, arengados por sus líderes, salieron a las calles en pleno pico de la tercera ola de la pandemia para protestar por esta determinación, sin importarles mucho exponer la vida de sus agremiados, me alegro que el rector de nuestra máxima casa de estudios, Christian Torres Ortiz, en un comunicado reciente haya tomado la determinación de asumir él mismo la decidida responsabilidad de gestionar los recursos sin exponer la vida de ningún miembro de nuestra comunidad universitaria. Si bien la resolución del gobernador Nacho Peralta es inadmisible e incluso hasta carente de sentido común, pues en ella se priorizó lo accesorio (los bancos) contra lo esencial (el alimento de miles de familias), lo cierto es que la quiebra financiera de las finanzas estatales es parte de una larga cadena de malos manejos de las arcas de nuestra entidad que empezó desde hace varias administraciones atrás y que cada gestión subsiguiente no sólo fue incrementándola sino, incluso, no pudiendo encontrar la forma de eliminarla. En esta situación se encuentran -y decirlo no es una justificación ni para el actual gobernador ni para los anteriores- muchos estados de la república, pues la opacidad en el manejo de los recursos financieros en los diferentes órdenes de gobierno del país ha sido una constante, gobiernos y servidores públicos de la llamada Cuarta Transformación incluidos. Como he dicho, esto no justifica la decisión del gobierno de Colima de dejar a miles de trabajadores sin el derecho humano de recibir un pago por el trabajo que realizan, pero sí debería darle una perspectiva distinta a la visión inmediatista que la mayoría de los que han opinado al respecto le han dado a este delicado asunto, ya que entre los hoy rabiosos en contra del Ejecutivo estatal hay muchos que fueron partícipes en el pasado de las malas decisiones que actualmente padecemos. No se acuerdan? Señalar esta desmemoria no exime, insisto, al gobernador Nacho Peralta de su responsabilidad, pero tampoco impide advertirle a la próxima administración (que será Cuatroteísta) que para sacar al Estado adelante no será suficiente con tener un gobierno austero y transparente en el manejo de sus recursos, ni tampoco un gobierno que le regale dinero a todo mundo (la peor manera de intentar acabar con la pobreza y la desigualdad), sino principalmente un gobierno que sea inteligente, creativo, conformado por gente capaz que pueda crear un plan eficaz para activar y hacer crecer la economía de nuestro Estado, fortalecer su educación, reducir la violencia imparable, eficientar el sistema de salud, civilizar a la población, guillotinar la corrupción, desterrar la impunidad, hacer justicia, etcétera. Resultaría muy reprochable que la próxima gestión termine diluyéndose en el argumento de que no se pueden mejorar las cosas en virtud de lo inmanejable que resultan las problemáticas heredadas por la administración pasada, un poco como lo ha venido haciendo implícita y en ocasiones explícitamente el presidente López Obrador desde que inició su gobierno. En qué quedamos, entonces? Ojalá, pues, que pronto se cubra el salario de los trabajadores de gobierno del Estado (y el de los órganos autónomos, como el de la imprescindible Universidad de Colima) y que en el abecedario de la próxima gobernadora Indira Vizcaíno no exista la palabra “no-podemos”.

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