Bienvenidos, estudiantes

Nuestra máxima casa de estudios ha empezado un nuevo ciclo escolar y lo ha hecho esta vez con un nuevo rector, un nuevo gabinete administrativo y otra vez en condiciones inéditas impuestas por la dura pandemia que vivimos todos los colimenses, cuyo número de decesos en la última semana ha sido alarmante. Pero no sólo eso, también este inicio escolar es inédito puesto que es temporada de elecciones y nuestra máxima casa de estudios, como acabamos de verlo recientemente, no estará exenta de ser atacada por parte de algunos candidatos (la mayoría de ellos ya claramente identificados) con el fin de mejorar con ello su rentabilidad electoral, situación a la que nuestra máxima casa de estudios no deberá darle la espalda. Sin embargo, más allá del uso faccioso con que han venido utilizando sus cotos de poder los adversarios de nuestra casa de estudios, lo que debe pervivir en nuestra comunidad es, como siempre, las fortalezas de un espacio plural en el que la tolerancia, la generación del conocimiento, el fomento de la crítica (pero no del odio y la inquina), el bienestar de la mayoría de los estudiantes (por encima de la animadversión de algunos), el compromiso de la planta docente y administrativa, y las áreas de oportunidad de mejoría que imponen las problemáticas de la sociedad misma y para las cuales nuestra casa de estudios siempre ha estado atenta, no sean sino las razones de ser de  nuestra institución educativa, como lo debe de ser de cualquier otra. De manera que si este espacio plural de convivencia se ve violentado por intereses externos o internos, la institución está comprometida, por el bienestar general de su comunidad, a salvaguardar dicha concordia. Es una gestión nueva la del rector Christian Torres Ortiz, es cierto, pero en este compromiso seguramente se parecerá a todas las que lo han antecedido, pues la universidad –por su propio bien- no puede estar sujeta a los vaivenes de la política ni a los delirios de los políticos. La diversidad de pensamiento y la variedad de ideologías son y deben ser aceptadas en una universidad, pero no así la imposición de éstas en aquellos que piensan, creen y sienten diferente, de manera que cuando esto suceda (como ya ha sucedido) la respuesta de la institución y de la comunidad que le da sentido deberá ser contundente. Por lo demás, no creo que nadie dude de que dentro de todas las razones de ser de una institución educativa los estudiantes ocupan el lugar principal, pero el hecho de que así sea tampoco significa un pase automático para que se pueda romper el orden y los principios mínimos de la tolerancia y respeto cuando surjan situaciones en las que se puedan ver afectados, sobre todo cuando estas problemáticas pueden solucionarse utilizando los cauces ordinarios que la propia institución provee. Me consta que, durante esta pandemia, los profesores hemos estado incluso más receptivos a los estudiantes y a sus problemáticas, incluso las hemos atendido de forma más personalizada, así que en este nuevo ciclo escolar que comienza deberán saber que en sus unidades académicas estará siempre alguien que podrá atender cualquiera de sus inquietudes. En lo que a mí respecta, y pese a haber recibido en los últimos días una cantidad enorme de insultos y amenazas por parte de estudiantes (algunos propios y otros ajenos), no dejaré por ningún motivo a un lado mi compromiso formador que tengo hacia ellos, incluso en aquellos complejos momentos en los que deba indicarles que no participo de la forma en que piensan o están haciendo las cosas.  

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