Stephen King para escritores

Los escritores siempre buscamos recetas o decálogos para bien escribir. Y estos, a decir verdad, abundan. Decálogos o recetas que nos indican que no describamos tanto a los personajes o lugares, que evitemos los adverbios, que no usemos en los diálogos otra palabra que no sea dijo o dice, etcétera. Todo eso está bien, pero yo el único consejo con el que he coincidido es con el que da Stephen King en su libro On writing” (traducido al español como Mientras escribo). Dice King que lo más importante para escribir bien son dos cosas: mantenerse saludable y mantenerse casado. Podría parecer una tomadura de pelo, pero a lo largo de los años no he hecho sino confirmarlo. No quiero entrar en tantos detalles sobre esto, pues para mí el tema de la salud ha sido mi talón de Aquiles, y no porque sea un hombre enfermizo, sino porque soy un pobre hipocondriaco que vive acosado por las enfermedades, todas ellas (hasta ahora, ¡qué bueno!: también alguien aconseja sólo usar los signos de exclamación una vez cada cien mil palabras) imaginarias. La salud es, pues, para mí, como dice King, fundamental, porque las veces en las que he estado enfermo o decaído, las palabras se me han quedado atrancadas en el cogote, sin poder salir. En cambio, siempre que he estado sano, y no sólo sano sino también en forma, derivado de correr, nadar o hacer bicicleta, he podido escribir con más, digamos, felicidad. Lo mismo me pasa con mi mujer, con la que he estado casado por casi veinte años. Cuando, por alguna razón, peleamos por cualquier cosa (grave o no), mi escritura pierde carácter y fuerza, quedan mis palabras como desensambladas de la realidad y huecas por todos sus costados. Sucede lo contrario cuando estamos bien, y no sólo bien, sino felices. Escribo a borbotones y no hay quien pueda pararme. Este equilibro del cuerpo y de los sentimientos es un consejo que King sabiamente da a todos los que escribimos, más allá de la receta o decálogo técnico de la escritura, que sólo atiende a las palabras pero no a su alma. Porque la escritura, si algo nos quiere decir King, no es simplemente un conjunto de signos ensamblados, sino un cúmulo de emociones que tienen como único objetivo arder en la página en blanco.

 

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