Ser político hoy

En Colima, como seguramente en otros estados del país y en otros países del mundo, los políticos se han olvidado de un principio básico: que cada partido político representa una ideología, una convicción, una forma específica (acertada o no) de conducir una comunidad de hombres, de forma que si se afilian a un organismo de esta naturaleza es porque sus convicciones políticas coinciden con las convicciones de tal instituto político, cuya filosofía no cambia en lo esencial, como no debe cambiar, por tanto, tampoco la de sus agremiados. Sin embargo, en Colima, como en otros estados del país y otros países del mundo, ya nadie piensa en este principio fundamental, es más cabría afirmar que la mayoría de los militantes o líderes de estos institutos políticos ni siquiera saben los principios que motivaron su origen, lo que ha ocasionado que un día se les pueda ver enarbolando la bandera del PRI, otro día la del PRD, otro la del Verde Ecologista, y así interminablemente, todo lo cual movido por una voluntad que más bien parece empujada por los intereses personales o de grupo que los intereses del partido o de la sociedad, lo que no hace sino denigrar no sólo al político sino, lo que es peor, a la política misma. En Colima, como decía, esto se ha venido dando de forma sistemática en las últimas décadas y ahora mismo de forma profusa de cara a las próximas elecciones. Por eso, y aunque cada político pueda presentar en su defensa un puñado de pretextos para fundamentar su salida de tal o cual partido, siempre se le ha de ver como un traidor, un traidor no sólo de ese partido, ni siquiera un traidor de la sociedad, sino, más grave aún, un traidor de sí mismo. Apláudase, pues, la congruencia de aquellos políticos que todavía están dispuestos a dejar el bien personal por el colectivo, así sea en su propio perjuicio, pero también critíquese (y severamente) a aquellos partidos cuyos dirigentes tuercen las mínimas reglas de la democracia para imponer candidatos, beneficiar intereses de grupo, privilegiar compadrazgos, etcétera, ocasionando con ello la indignación y debacle de militantes meritorios y, además, su propia ruina.

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