Max Adler

La Revolución Socialista de Rusia dejó, aun cuando al final del día fracasó, una transformación ideológica, política e incluso moral que sería crucial para el progreso de la sociedad contemporánea. El socialismo quería, fundamentado en las ideas de Carlos Marx, el triunfo del proletariado y, con ello, la consecuente nueva sociedad en donde no existieran las clases sociales y en la que todos los ciudadanos pudieran gozar de iguales derechos y obligaciones. Las ideas marxistas empezaron a permear, sin embargo, no sólo sus propios postulados y principios sino los postulados y principios de todos los campos del saber, incluido el literario.
 
También penetró en las ideologías en general y en el pensamiento político en particular. De esta forma fue que una parte del marxismo modificó el concepto, por ejemplo, de democracia. Uno de los filósofos austriacos que reflexionaron de forma acuciosa en el significado y fin de la democracia fue, por ejemplo, Max Adler, en su libro Democracia política y democracia social. Adler argumentaba, desde el marxismo, y no sin razón, que la democracia verdadera no se podía dar en una sociedad de clases, pues habría siempre una clase privilegiada que se beneficiaría de ella y otra (la pobre y desfavorecida) que sólo sería usada por aquella para no perder sus privilegios. A esto llamaba Adler la democracia política, en contraposición de la democracia social, la cual -según el filósofo austriaco- tenía que darse en una sociedad sin clases.
 
Escribe Adler: “En realidad, la democracia, tal como la poseemos actualmente, no tiene nada y no puede tener nada en común con todo esto, ya que mientras la sociedad esté dividida por los antagonismos de las clases económicas, no constituye un todo solidario y no puede haber, dentro de ella, una comunidad de intereses vitales y evolutivos. Al reposar sobre esta base, la democracia se ve incluso más bien complicada en la lucha de los intereses de clase. Falta mucho, pues, para que la democracia sea un medio de salvaguardar el interés general; más bien es el más poderoso medio de defensa de los intereses particulares de ciertas determinadas clases. En esta lucha, la democracia no puede obtener la victoria más que por una sola vía: la conquista de la mayoría.”
 
El ideal de la democracia es, pues, poder llegar a la salvaguarda del interés general sin privar el de las minorías, en una sociedad sin clases y con un Estado de Derecho fuerte que impida que una minoría se privilegie con ellos.

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