Los escritores y la amistad

Mucha gente cree que los escritores somos los seres más afortunados de la tierra, porque -al menos por pura curiosidad- mucha de esa gente se intenta meter en nuestras vidas como uno se mete a un zoológico para ver de cerca cómo carajos viven los changos. Esto hace creer, por supuesto, que uno está sobrado de amigos y gente que lo quiere a uno, pero no es así, y les voy a dar una ejemplo que acaba de sucederme ayer mismo. Sucede que ayer tenía yo que mover un gran mueble para poder instalar ahí una lavadora y un lavabo, pero cuando quise moverlo me di cuenta de que aquello sobrepasaba mis fuerzas, así que le llamé a un amigo del Departamento, cuyo nombre prefiero omitir pero cuya edad sí es importante decir: tiene 57 años. Mi colega me dijo que sí y vino enseguida, advirtiéndome que tendría que invitarle el desayuno. No opuse resistencia, pues en realidad lo que le iba a ofrecer (enfrijoladas) es algo a lo que los no mexicanos le suelen hacer fuchi, con lo cual tendríamos que salir a comer fuera y eso, a su vez, me evitaría tener que lavar (o ensuciar, en realidad) más trastes. Bueno, mientras mi colega y yo movíamos el mueble se me hizo fácil preguntarle que si tenía alguna novia o amante, pregunta que le hice considerando que en realidad vive solo, y que no tenía otra intención sino disuadirlo un poco del sufrimiento que le estaba causando cargar el mueble. Pues resulta que mi colega dejó caer el armatoste, se hizo hacia un lado, saco la cabeza y, mirándome fijamente a los ojos, me dijo: mira, tenga amante o novia o lo que sea, ni creas que te lo voy a decir porque luego lo andas poniendo todo en tus malditas novelas. Así me lo dijo, a bocajarro, contundente. Yo, francamente, me sentí humillado, incluso hasta hipo me dio. Entonces pensé: ¿no es esta una forma sutil de ir perdiendo, bien que mal, las verdaderas amistades? En realidad yo no le pude decir que no iba a poner lo que me dijera en mis novelas, pero sí le aseguré, como uno lo dice siempre, que al menos nunca pondría su verdadero nombre en ella, ni ninguna otra referencia que pudiera dar con su paradero. Pero no me creyó nada.

 

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2 comentarios en “Los escritores y la amistad”

Pues pienso en un jornalero que mal gana para comer un pan trabajando de sol a sol. Creo que los escritores son una especie privilegiada, son artistas, raras avis, con personas que los aman sin conocerlos, por ejemplo el Gabo.
Tú eres un muchacho bienamado, trabajas lejos de tu tierra, pero te permite viajar por todo el mundo tu trabajo de poeta y narrador. ¡Claro que tienes muchos amigos, me consta!, ¿Què importa que tu vecino no sea comunicativo?, finalmente lo pones en tu Paracaídas y él ni se entera porque seguramente no lee español. Con tu guitarra en la mano, cantando ¿quién se puede sustraer de caer bajo tu encanto personal?, jajajaá ¡Ay escritores! ¡Artistas!… si son seductores profesionales con la palabra. Un abrazo allende el mar.

FELIZ DIA DEL MAESTRO

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