La felicidad

Todos (o casi todos) nos preguntamos en algún momento de nuestra vida, qué es la felicidad. Luego nos preguntamos, como consecuencia de ello, si somos felices. Todos (o casi todos) nos preguntamos si la felicidad es tener mucho dinero, mucho poder, mucha fama, mucha salud, mucho amor, o qué es la felicidad, o incluso dónde está. Y si creemos que es eso la felicidad (o en esas cosas vive), entonces somos capaces de darnos una respuesta más o menos satisfactoria. Ya lo sabemos: para aquellos que piensan que la felicidad es tener mucho dinero, es obvio que si no lo tienen no son felices. Si lo tienen, en cambio, es obvio que lo son. Incluso entre más dinero tengan, más felices son, si seguimos este principio. Lo mismo pasaría con el poder, la fama, la salud, el amor, etcétera. Su carencia nos daría la infelicidad; su presencia, la felicidad. Todos (o casi todos) creemos que la felicidad tiene que ver con tener algo más que con no tenerlo. Así nos lo ha enseñado nuestra cultura. Entre más, mejor. Entre menos, peor. Pero yo creo que no es así. Yo pienso (lo pensaba el otro día que practicaba sumas y restas en casa con mi hija), que la felicidad consiste en tener la convicción de que lo que tenemos (puesto y alrededor nuestro) es mucho más de lo que realmente necesitamos, y que es, por tanto, mejor ser capaces de ser felices cada vez con menos, que a la inversa. Esto incluye, por supuesto, todos esos momentos en que abrimos nuestras manos y, para bien o mal nuestro, las encontramos vacías.

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