El brindis del bohemio

En sexto de primaria, ante el asombro de todos mis compañeros, que creían que yo sólo servía para romper pupitres, me fue asignado un fragmento del “Brindis del bohemio” para ser declamado en la conmemoración del Día de la Madre. El maestro Goyo, uno de los mejores maestros que he tenido en la vida, me entregó la poesía del poeta Guillermo Aguirre Fierro y me indicó la parte que tenía que aprenderme: era esa de Arturo, el bohemio puro de noble corazón y gran cabeza. Volví a casa y, frente al espejo rectangular de mi habitación, empecé a memorizar aquello que ya todos saben: “brindo por la mujer, mas no por esa/en la que halláis consuelo en la tristeza,/rescoldo del placer !desventurados!/no por esa que os brinda sus hechizos/cuando besáis sus rizos/artificiosamente perfumados”. En realidad no sabría hasta muchos años después todo eso que ahí se decía. Lo que sí recuerdo es que en esa parte donde dice “dejad que llore/y que en lágrimas desflore/esta pena letal que me asesina”, yo lloraba a moco tendido. ¿Cómo podía llorar si no había entendido la pena que ahí se derramaba? No sabía siquiera lo que era un bohemio, ni mucho menos un rescoldo. Pero yo lloraba y hasta me papaloteaba el pecho del sentimiento. Me sentía Arturo por un instante, bohemio puro de noble corazón y gran cabeza. Me veía parado, eso sí, en la cantina, llena de sillas de madera, rodeado de otros dolientes igual que yo vestidos con trajes oscuros y gabanes, en medio del humo de los cigarrillos, vasos de vino, ceniza, y tal vez solo por eso fue que pude aprenderme el fragmento que me tocó, que era, dicho sea de paso, el más largo. ¿Por qué se le habría ocurrido al maestro Goyo meter al rompepupitres de la clase en este berenjenal? La respuesta ahora parecería obvia, entonces también lo era: había que entretenerme largamente en algo, para evitar que siguiera ocasionando más dolores de cabeza, así que metiéndome “El brindis del Bohemio” entre ceja y ceja se imponía una indiscutible posibilidad. Y lo fue, lo digo ahora más de treinta años después que sigo releyéndolo, lo fue, ni duda cabe.

 

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