Confucio y el arte de gobernar

para Federico Rangel Lozano

 

A lo largo de su vida, y a través de sus Analectas o sus Cuatro libros, Confucio dedicó reflexiones importantes al arte de gobernar. Confucio afirmaba que para gobernar un reino primero se debía gobernar bien a la propia familia, y que para gobernar a la propia familia primero se debía gobernar a uno mismo, pero que para gobernarse a uno mismo, primero se debía poner en rectitud nuestras pasiones, miedos y conducta, porque son nuestras acciones y no nuestras palabras las que nos definen. Que es entonces que un gobernante podrá gobernar de buena manera y podrá tener a su vez un gabinete de gobierno con las mismas virtudes que él mismo. Confucio acentúa que uno se da cuenta cuando un gobernante (él le llama príncipe) es virtuoso o no, como dije al principio, por sus acciones, no por sus palabras, de manera que si nombra a un ministro conocido por su perversidad, quiere decir que ese príncipe es también perverso. De igual modo, si nombra a un ministro conocido por su virtud, entonces ese príncipe es también virtuoso.

Decía Confucio que más valía un príncipe recto y honesto que uno talentoso, porque un talento con vicio hace más daño que una rectitud sin talento. La elección de los ministros que acompañarán al príncipe en la gobernanza es fundamental, por eso Confucio critica a todos aquellos príncipes que deshonran a los ministros justos y de honestidad intachable y en cambio premian a los corruptos, dándoles altos cargos. Un príncipe así, refiere Confucio, prepara, más tarde que temprano, su propia ruina.

Todo parte del principio básico referido al principio: el que pretende gobernar un reino debe primero darnos muestras claras de que sabe gobernar a su familia, luego a sí mismo y después a sus pasiones, de otra manera es imposible que pueda tener nuestra confianza.

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