Cómo ganar una elección

Cuando el filósofo Marco Tulio Cicerón quiso ser cónsul de Roma, allá por el año 64 AC., su hermano menor Quinto, soldado valiente y líder militar, además de gran conocedor de la realidad social y cultural de esta nación, le escribió una carta. Esta carta, que hoy se titula (del inglés) How to win an election (Cómo ganar una elección) es considerada ahora la primer guía para un político en campaña. Lo sorprendente de la misiva, redactada hace más de dos mil años, es que pareciera un manual estrictamente contemporáneo, escrito y publicado ayer.

Resaltan, de lo redactado por Quinto, tres aspectos fundamentales que todo político no debe olvidar mientras esté en campaña. Escribe Quinto: “hay tres cosas que garantizarán votos en una elección: favores, esperanza y carisma. Tú tienes que trabajar en dar estos incentivos a las personas correctas”. Luego, Quinto pasa a desglosar la forma en que cada uno de estos principios debe ser llevado a cabo. En cuanto a los favores, hay que pedirlos y cobrarlos, dice Quinto. Esto es: si alguien no nos debe un favor, entonces hay que pedir un favor a alguien a cambio de una gran recompensa; si alguien, en cambio, nos debe un favor, entonces cobrárselo caro, también a cambio de una gran recompensa. Esta recompensa, por supuesto, dice Quinto, puede no llegar nunca, bajo la excusa de una causa de fuerza mayor. En cuanto a la esperanza, Quinto asegura que no hay peor cosa que ser realistas en una campaña. El que es realista, dado que siempre la sociedad estará sumida en miles de problemáticas, estará condenado al fracaso. Un candidato exitoso es aquel que redobla aquello que se le solicita y consiente sin chistar en consumarlo. Si el electorado le pide un puente, el candidato tiene que ofrecer tres puentes más dos ríos más un túnel. De otra forma, los votos huirán de sus manos. En cuanto al carisma, Quinto afirma, prácticamente, que no hay que despreciar a nadie. Todos los votantes cuentan: pobres, ricos, feos, guapos, altos, bajos. A todos hay que sonreír, abrazar y hacer sentir como las personas más genuinas del mundo. Pero que, eso sí, es necesario incentivar a aquellos votantes que son populares para que, a su vez, estos atraigan a otros votantes, en una ola imparable y rabiosa de apoyo.

Aunque Marco Tulio Cicerón era un homo novus (esto es, carente de trayectoria y prosapia política y, por tanto, en desventaja con respecto a otros candidatos), de más está decir que arrasó en aquella elección, se convirtió en el primer cónsul homo novus en treinta años (lo que irritaría a los aristócratas) y, con ello, inició su carrera como legislador, convirtiéndose en uno de los más influyentes de la historia romana.

 

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