Cicerón y la corrupción

El abuso de poder en la Roma republicana llegó a ser un verdadero cáncer. Este abuso de poder derivaba en una corrupción excesiva por parte de la clase noble, especialmente por aquellos que eran enviados a las pequeñas provincias a gobernar: aprovechan que estaban fuera del ojo vigilante y cometían sus rapacidades. Cicerón, para quien no era fácil moverse entre el tumulto de degenerados políticos, creía que este cáncer, el de la corrupción, era la principal causa de muerte de la verdadera República y de todo estado. En una carta al jurado, Cicerón habla de los abusos y excesos, por ejemplo, de Cayo Verres, quien gobernaba de forma tiránica Sicilia, incluidas sus depredaciones sexuales, pues Verres solía tener una mujer en cada pequeña provincia de aquella hermosa isla, donde llevaba a cabo excesivos bacanales durante sus visitas. Sufrió tanta miseria y desolación Sicilia con Verres que, se dice, sobrepasó lo dejado por el paso de la Primera Guerra Púnica. Hubo miseria, hambre, saqueo, violencia. Subyugados, los habitantes (especialmente los comerciantes que padecían extorsiones y hostigamiento) clamaban justicia. Cicerón puso al tanto de los excesos de Verres al Senado y, gracias a su arrojada defensa en beneficio de la población siciliana, Verres fue condenado al exilio durante el Gobierno de Marco Antonio, donde murió, como todos los tiranos, vejado y en el  olvido. Era lo menos que se merecía.

 

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